Después de una hora y cuarenta minutos de show, los Pet Shop Boys se retiran brevemente del escenario antes de hacer su encore final. Uso ese momento para revisar en mi celular qué hora es, pero consigo una información mucho más valiosa: “HENRY KISSINGER IS FKN DEAD” dice un mensaje de WhatsApp enviado por uno de los matarifes que escribe en esta página. Al espectáculo solo le quedan dos canciones, pero llegó la hora de celebrar con más ganas.
Y es que el concierto que Neil Tennant y Chris Lowe —conocidos colectivamente como los Chicos de la Tienda de Mascotas— dieron el miércoles en Santiago de Chile no solo fue uno de los shows más memorables y repletos del año, sino que también se convirtió en histórico por suceder exactamente al mismo tiempo en que el criminal de guerra por fin moría, después de décadas de vida sin consecuencias por sus crímenes. Lo único que quedaba era bailar.

Los Pet Shop boys comenzaron su espectáculo a las 21:10, con diez minutos de elegante retraso, pero después de eso no se detuvieron. El tour que los trajo al país se llama Dreamworld: The Greatest Hits Live Tour, lo que ya puede dejar más o menos claro qué es lo que se esperaba del concierto. Y los ingleses no decepcionaron, comenzando con su hit ‘Suburbia’ y no bajando el ritmo hasta el final. Pocos shows actuales te pueden dejar knockout tan rápido y de forma tan efectiva.
El público, por su parte, era una amalgama de familias y adultos sobre los 45 años. Mucha juventud con sus madres o padres que se volvieron locos, cuál fan de k-pop, ante la presencia de los Pet Shop Boys, quienes con sutiles cambios de chaquetas lograban hacer parecer que habían cambios gigantes de vestuario. El show estaba tan sobrevendido que no se veía un espacio donde entrara alguien más. Muchas personas solo podían ver las pantallas, pero eso no importaba: el dúo ya había convertido el Movistar Arena en una discoteca gigante, un movimiento que es marca registrada gracias a un setlist pensado más como playlist de la Blondie que como espectáculo en vivo. Es más: Tennant hasta terminó preguntando si conocíamos alguna discoteca cercana. Los viejos del público ya estaban entregados.

Cuando las primeras canciones de los Pet Shop Boys eran famosas vivíamos en tiempos complicados en Chile. El mismo Kissinger tendría que ver con esto, con su activo patrocinio a los intentos de desestabilizar nuestro país por la elección de Allende (llegó a decir de Chile que “No veo por qué tenemos que esperar y permitir que un país se vuelva comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo”), que terminó en su apoyo al golpe de estado de 1973, mismo año en que ganó el Nobel de la Paz.
Pet Shop Boys no comenzaría su carrera musical hasta 1986, más de una década después de que comenzamos a vivir en dictadura, pero sus letras sobre amor y cotidianidad hacían tanto eco en nosotros como en el primer mundo.
“Te amo, tú me pagas el arriendo” es un gran ejemplo de esto último. Y es que en esos años, donde la contracultura queer se basaba en un mundo en el que no sabías cuánto vivirías —ya fuera por pobreza, odio o enfermedades de transmisión sexual— lo importante era amar cuanto pudieras antes de que lo bueno se fuera, porque todo era efímero y podía irse tan fácil como había llegado. Posiblemente es gracias a esto que a Chile le pegó tan fuerte su música de personas reprimidas que sienten la constante necesidad de amar, algo que pudieron hacer a sus anchas en este show donde la gente bailó junto a sus más de 45 años de trauma y vida a cuestas.
No sé a qué hora murió Henry Kissinger, pero me gustaría pensar que fue mientras los ingleses tocaban ‘Go West’, su cover a los Village People que tiene elementos de marcha y que asemeja en acordes al himno de la Unión Soviética. Una canción que volvió loco al público de este país, que dejó claro que la música de los ingleses no son solo acordes bailables para nosotros, sino que un sonido catártico para estos últimos años extraños que le ha tocado vivir a esta tienda de mascotas gigantes llamada Chile. Gracias Pet Shop Boys.
Fotos: María Loreto Plaza, cortesía Bizarro.



