Frank Herbert: la herejía de Dune contra el determinismo de Fundación de Asimov

Frank Herbert Dune Portada
A cuatro décadas de la muerte de Frank Herbert, revisamos la vigencia de Dune y cómo deconstruye Fundación, la gran obra del maestro de las largas patillas Isaac Asimov. Ambas sagas ofrecen visiones opuestas sobre el poder, el futuro y el destino de la humanidad.

Hace 40 años que —un 11 de febrero de 1986— murió Frank Herbert a los 65 años. El autor entró al salón de la fama de la ciencia ficción gracias a su saga de novelas distópicas Dune (1965), que desde 2021 se ha convertido en uno de los eventos cinematográficos mejor evaluados por la crítica y por la audiencia gracias a la adaptación de Denis Villeneuve, cuya trilogía finaliza este año 2026.

Dune es de aquellas obras que permiten decenas de lecturas y análisis, en especial en comparación con otras historias como Star Wars, y también enfrentándose a pilares del género como lo es Fundación (1951), la obra magna de Isaac Asimov.

Antes de hablar sobre el libro de Herbert, una corta introducción: Uno de los primeros libros de ciencia ficción que leí con compulsión fue El Hombre Bicentenario (1976), la colección de cuentos escrita por Asimov, quien se encuentra entre los autores más prolíficos de la ciencia ficción. Luego de pasar por varios de sus libros sobre robots, continué expectante con la grandiosa saga de Fundación (escrita entre 1951 y 1988 aproximadamente).

Fundación además de tener memorables personajes como Hari Seldon, o la hábil ciencia nueva conocida como psicohistoria —que permite predecir el comportamiento social— narra un argumento tan novedoso como viejo: parcialmente inspirado en la historia de la división del Imperio Romano, Fundación muestra las posibilidades de salvar a la humanidad a través del determinismo, con acciones pensadas a futuro, luego de que esta caiga en milenios de barbarismo.

La saga es en gran parte, y al igual que la mayoría de la obra sci-fi de Asimov, una visión esperanzadora de la tecnología y el orden, donde el conocimiento y el control se convierten en salvadores, siendo la psicohistoria la herramienta que permite asegurar el futuro por medio de los datos que da a Hari Seldon. 

Todo este pequeño prólogo no es divagación, sino que tiene un punto y es la génesis de Dune, que trabaja con un argumento parecido pero en una dirección completamente opuesta: la salvación de la raza humana, escapando del determinismo, y el intento por recuperar la libre voluntad.


El escape de la libre voluntad


Dune, publicado en 1965 y ganador de los famosos premios Nébula y Hugo, es el primer libro de los seis que escribió Frank Herbert acerca de la lucha de poder por la materia prima que rige al universo: la especia, producto que es encontrado solamente en el planeta Arrakis, cuna de los acontecimientos que suceden en los libros. A Dune le siguieron cinco secuelas: El Mesías de Dune (1969), Hijos de Dune (1976), Dios Emperador de Dune (1981), Herejes de Dune (1985) y Casa Capitular de Dune (1985). 

(Fuera de esos, existen las continuaciones y precuelas escritas por Brian Herbert y Kevin J. Anderson, pero estas no las mencionaré porque no soy fan del concepto e intención que tienen detrás, así que no los consideró dentro del canon original).


Isaac Asimov Texto Frank Herbert

Uno de los elementos más llamativos de Dune es la deconstrucción del viaje del héroe y, de esta forma también, del planteamiento que hace Fundación con su visión de cómo se puede salvar la humanidad. Si lees Fundación, terminas mirando hacia el futuro con una sonrisa en tu rostro, confiado en que el orden siempre se volverá a restablecer. Pero si lees Dune, te quedarás reflexionando en el viejo refrán de que el infierno está pavimentado de buenas intenciones.

En Dune se unen política, religión y ecología para dar paso a uno de los temas más conocidos en la historia: el poder que tienen los ídolos sobre las personas y la conquista de pueblos menos favorecidos por las manipulaciones político-religiosas. 

Paul Atriedes, el protagonista de la primera parte de la saga, encarna al héroe de Dune. Pasa de ser un adolescente con una vida ordinaria a iniciar una aventura con su llegada al planeta Arrakis, conocer a los nativos Fremen y adoptar el nombre de Muad’Dib. Sin embargo, su historia no termina en el doceavo estadio del viaje que propone Joseph Campbell, sino que va más allá del final ‘felices por siempre’ con el que acaba Dune

Si en el primer libro Paul se alza como un superhéroe que ha reclamado su lugar en el universo pateando traseros y quedándose tanto con la princesa Irulan como con su verdadero amor fremen, Chani; en Mesías de Dune procederá a caer de su propio altar de forma horrible para luego terminar encontrándose en Hijos de Dune con la cara del destino del que trató de arrancar, representada en su hijo Leto II.


Escape a través de tragedia


Herbert muestra a través de Paul Atreides qué es lo que sucede cuando los ídolos se convierten en humanos con poderes que nunca pidieron, pero que a su lamentable pesar, tienen a su alcance. Ya dijo en un número de Omni Magazine acerca de la génesis de Dune: “Tenía esta teoría de que los superhéroes son desastrosos para los humanos, de que aunque crearas a un héroe infalible, las cosas que este héroe pondría en marcha, podrían caer en manos de mortales errantes. ¿Qué mejor forma de destruir una civilización, sociedad o raza, que poner en manos de un superhéroe las salvajes convulsiones que siguen a su juicio crítico y a su poder de decisión?” y Paul es el perfecto conejillo de Indias para ver en efecto la tesis de Herbert.

Dune toma un argumento parecido en su base al de Fundación, pero desde el otro lado de la cerca. Herbert era fan de la libre elección, además de creer en la imposibilidad de controlarlo todo; en palabras del propio Muad’Dib (en los pocos momentos en donde no estaba tomando una pésima decisión): “En las profundidades de nuestro inconsciente hay una obsesiva necesidad de un universo lógico y coherente. Pero el universo real se halla siempre un paso más allá de la lógica”.

En Dune también nos topamos con las Bene Gesserit, una organización de mujeres con un condicionamiento físico y mental sorprendente, y quienes están detrás de la mayoría de los acontecimientos claves de la saga. Las integrantes son tremendamente poderosas, un culto que trabaja con prácticas eugenésicas y que tiene habilidades lo más cercanas que existe a ser un jedi ninja tipo James Bond o cualquier cosa más ruda que tú. Son ellas las que tienen visiones del futuro y trabajan en busca de lograr producir al mesías, al Kwisatz Haderach. Y como se puede sospechar, las Bene Gesserit son excelentes manipuladoras que solo buscan consagrarse a su propósito de alcanzar el futuro que más les conviene.


Dune Texto Herbert

Si la psicohistoria es la salvación en Fundación, el poder de las visiones del futuro es lo que termina llevando a la perdición a Paul Atreides, como se da cuenta durante Mesías de Dune: “Cualquier ilusión de libre albedrío que alimentara, prisionero en su jaula personal, no era más que eso, una ilusión. Su maldición residía en el hecho de que él podía ver la jaula”. 

Es al final su hijo, en Dios Emperador de Dune, quien logra “liberar” a la humanidad del encadenamiento por el determinismo del futuro. Y cuando digo liberarla, me refiero a esclavizarla en una forzada utopía de la que no pueden escapar. La Senda de Oro que quiere llevar a cabo Leto II para poder salvar a la humanidad de su extinción, se puede leer como una amarga parodia de La Segunda Fundación que propone Seldon en los libros de Asimov, salvo que con El sendero de Oro, Herbert convierte a Leto en el peor tirano a existir para lograr su cometido: ser el mayor depredador de la propia humanidad. 

Dune es la respuesta al por qué para Herbert el control del futuro y el orden burocrático solo pueden traer más problemas que soluciones. Como escribió en el Manual de la Cofradía Espacial: “Cualquier sendero que restrinja las posibilidades futuras puede convertirse en una trampa letal. Los seres humanos no buscan su camino en un laberinto; escrutan un vasto horizonte lleno de oportunidades únicas”.

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