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Para el Santiago Gets Louder de 2015, Tanto Mastodon como Gojira se iban a presentar dentro del mismo evento, sin embargo, un problema con los días agendados —querían poner una jornada del festival un lunes— hizo que los estadounidenses tuvieran que salir de forma solitaria en el Teatro La Cúpula. Pero esta vez se cumplió la meta con el Mega Monster Tour 2023, ya que si bien ambas bandas habían venido a Chile al menos dos veces antes (una en solitario y otra en festivales), esta vez era una cita histórica para los metaleros, y es que no todos los días puedes ver a dos bandas que están llevando la batuta del género a nivel mundial, mucho menos en una misma noche.
Aunque uno podría argumentar cuál de las dos agrupaciones es más importante para la escena metalera internacional, el público lo tenía bastante claro: Mastodon era un excelente número que queríamos ver con muchas ganas —en especial después de 9 años desde su última visita— pero aquí la estrella era Gojira, quienes a lo largo de su carrera han sabido conquistar a punta de temazos, ambientalismo y algunos de los riffs más brutales que hemos escuchado en 20 años.
Si bien la noche estuvo marcada por las guitarras, por más extraño que parezca el contexto político fue un factor importante en el Parque Ciudad Empresarial de Huechuraba. Cada vez que terminaba de tocar una banda se podía escuchar algún comentario sobre cómo iban los resultados de la votación presidencial en Argentina, algo que contrastaba con el directo activismo político y humanitario de Gojira. En ese sentido, no solo sus letras son una muestra clara de su compromiso social y medioambiental, sino que también el grupo de apertura, los chilenos Mawiza, una banda de rap metal mapuche, como se presentan en sus redes sociales, también forman parte de ese tipo de activismo.
Los metaleros del mundo tienen una forma característica de comportarse en los conciertos: harto grito, harto entusiasmo, harto empujón, harto loco sin polera; pero si hay algo bueno que los hace destacar es su compromiso con su gusto por el género músical que les gusta. Es así como dos horas antes del inicio del show de Mastodon, el Parque Ciudad Empresarial y sus alrededores ya se encontraba lleno de chascones de polera negra tomando cerveza, mientras que los más osados encontraron poleras metaleras blancas que sobresalían entre la multitud.
En la micro camino a Ciudad Empresarial escuché a varios que decían que era la primera vez que iban a un concierto a ese lugar alejado de estaciones de metro y cerca de los edificios de compañías tecnológicas. Por lo mismo, no es sorpresa que al llegar muchos descubrieran los food trucks instalados y el espacio para tomar alcohol, que llevaba el siútico nombre de beer garden. Pero apenas los chilenos de Mawiza pusieron pie en el escenario y se escucharon las primeras guitarras, la gente comenzó a migrar en masa para ver el show:
Mawiza: Aggro Newen para las masas metaleras

Es crucial que no perdamos la cultura del telonero. Este show es una prueba fehaciente ya que en cada flayer y noticia se hablaba de Mawiza como la simple banda invitada, pero después de salir al escenario a las 18:50 y evidenciar todo su desplante y energía de su sonido en vivo, es imposible que el público se fuera sin una buena impresión.
Siguiendo una gran herencia dosmilera del metal chileno, Mawiza tiene el aggro en sus venas, con combinaciones de rap y metal que hacen fácil pensar en una tocata donde estén ellos, Rey Chocolate y Rama. Pero la vuelta de tuerca que da Mawiza es no solo quedarse con el aggro criollo, sino que combinarlo con mensajes pro-mapuches. No me sorprendería si hubiera sido elegida a dedo por los mismo Gojira para abrir el concierto, en especial por su activismo indigenista.

La sorpresa del show fue cuando tocaron su más reciente single: Txükür, donde también canta MC Millaray quien se subió al escenario del Parque Ciudad Empresarial para cantar la canción y lanzar un mensaje: “Ni una vida más perdida, ni más niños muertos, ¡Wallmapu libre!”.
Al final Mawiza pudo echarse al público al bolsillo, haciendo que siguieran sus gritos y ritmos, además de pedirles que mostraran su newen para que Mastodon y Gojira lo pudieran sentir desde el backstage. Un excelente show que de seguro les consiguió varios fans nuevos, incluido este servidor.
Mastodon: Un leviatán lisérgico en Ciudad Empresarial
Cuando Mastodon estaba a punto de salir, varias cosas pasaron: Primero, aún era de día, algo extraño en los conciertos de metal. Segundo, Milei aún no ganaba, pero comenzaban a llegar los primeros y preocupantes resultados. Tercero, por los parlantes del recinto comenzó a sonar Change (In the House of Flies) de Deftones y el público hizo una sonora muestra de aprobación ante la canción, algo que tiene sentido ya que la polera que más se repetía entre la gente —sin contar las de Mastodon y Gojira— era la de Deftones. Si bien eso se podría deber a un gusto nacional específico por el grupo Chino Moreno, con la salida al escenario de Mastodon quedó claro que no solo era eso: Troy Sanders, vocalista y (uno podría argumentar) frontman de la banda, apareció con un chaleco rojo que hacía referencia a la misma banda. Estábamos todos en la misma.
Comenzando con Gobblers of Dreg de su último disco (que puedes ver rankeado en nuestro texto al respecto), Mastodon quiso dar un giro tocando canciones de sus ocho discos de estudio, demostrando una amplia versatilidad en un sonido que comenzó como sludge metal con su primer disco pero que con los años ha mutado y pasado por el groove metal y el metal progresivo.

Si los estilos de metal fueron muy variados, hubo una cosa que mantuvo todo el concierto cohesionado: las visuales. Haciendo uso de la pantalla gigante que tenían a sus espaldas parecía que Mastodon quería matar a quien haya osado asistir en hongos al festival, y es que las imágenes psicodélicas fueron tan protagonistas como los miembros de la banda, sobresaliendo especialmente en canciones como Megalodon, Black Tounge o The Czar, esa última su épica de 10 minutos sobre Rasputín y su fallido intento de usurpación del trono que se combina con la historia ficticia del protagonista del disco. Las visuales hicieron lo mejor que pudieron para ayudar a escenificar una historia tan alocada como esa.
Mastodon es una banda con más de 20 años de trayectoria, algo que es un arma de doble filo. Y es que en el afán de tocar un poco de cada disco, y a veces buscar canciones que no son necesariamente las favoritas del público, hicieron difícil para la gente no fanática enganchar con el show. El primer momento de genuina locura se dio con la seguidilla de canciones Megalodon y Divinations, donde se comenzó a hacer uso de los lanzallamas del escenario, prendiendo a la gente (no de forma literal).

Por otro lado, Mastodon siempre ha tenido la particularidad de que todos sus integrantes (los guitarristas Brent Hinds y Bill Kelliher, el baterista Brann Dailor y el ya mencionado bajista Troy Sanders) funcionan como vocalista en algún momento del show, por lo que muchas veces las voces se pierden en una mezcla que tiene que darle su espacio a cada sonido y que en esta gira además cuenta con teclados (tocados por João Nogueira), un problema que se escucho en algunos pasajes al inicio del espectáculo. Para terminar, cortes mínimos de audio en algunas canciones hicieron temer lo peor, pero no pasaron de ser un micro susto al ser resueltos con rapidez por los técnicos.
Mientras más nos acercabamos al final del set la gente parecía entrar más y más al show. Tiene sentido, ya era de noche, y entre los lanzallamas prendidos y las visuales lisérgicas de fondo, la banda por fin estuvo en su mejor pie para lanzar una tripleta de canciones que fueron el cierre perfecto: la incombustible Mother Puncher (de su primer y excelente disco), Steambreather (de su disco del 2017 llamado Emperor of Sand) y la ya clásica Blood and Thunder, (del clásico Leviathan) donde se armó el gran primer mosh pit gigante de la velada.
Al final del concierto, el público fue corriendo a los baños o a comprar una cerveza más antes de Gojira. La noticia de Milei ya se había masificado lo que hacía que se recordara el anti-trumpismo de Mastodon y el anti-bolsonarismo de Brett Hinds. Pero más importante, daban ganas de vacilar con más ganas a los antiimperialistas de Gojira, porque, sinceramente, no había nada más que se pueda hacer con el fascismo respirándote en la nuca.
Gojira: Un kaiju de colectividad y poderosas guitarras francesas
Lo de Gojira simplemente es otra cosa. Si en 2015 debutaron en el país dentro de un festival que los vio estar en la media del cartel, ahora llegaron en un show donde sin duda son el plato fuerte.
Con diez minutos de retraso la gente ya se estaba impacientando. El viento comenzaba a correr fuerte en la Ciudad Empresarial y las micros cada vez se iban haciendo más escasas, pero todos contábamos con que valdría la pena al final, y es que apenas comenzaron a sonar los cantos de ballenas característicos de los shows de Gojira, los fans demostraron que ellos ya estaban entregados desde antes que sonara la primera guitarra.
A diferencia de Mastodon, que apostó por comenzar su set con una canción de su último disco, en el caso de los franceses los cortes de su nuevo trabajo llegaron solo después de siete canciones. El comienzo fue mucho más explosivo: Ocean Planet y Backbone (presentada como “We are Gojira and this is BACKFUCKINGBONE”) abrieron los fuegos en exactamente el mismo orden que lo hacen en el que podría ser su álbum más clásico: From Mars to Sirius, solo para después lanzar el que debe ser el tema más single de Magma: Stranded (puedes ver ambos discos rankeados en nuestro texto al respecto).

Como si eso no fuera suficiente, Gojira hizo gala de los lanzallamas desde el comienzo, demostrando que no estaban acá para juegos, pero el público tampoco, así que respondió encendiendo una bengala que alumbró las caras de los más sorprendidos. La comunión banda/fans no pudo ser mejor.
Con un setlist que deja de lado sus dos primeros discos y se concentra en sus canciones más reconocibles y algunas más de su último trabajo, la agrupación liderada por los hermanos Duplantier no dejó sobrevivientes en un show donde las luces fueron aprovechadas de forma muy precisa, en especial porque tienen la capacidad de seguir los intrincados riffs de los que Joe Duplantier y Christian Andreu hacían gala, una de las muchas muestras de que el Gojira de años anteriores ha crecido para convertirse en un kaiju enorme y mortífero. Efectivo tanto para fans acérrimos como nuevos paladares. Es más, para robarse el show en un evento donde también tocaba Mastodon, es necesario estar en un nivel de performance altísimo, y Gojira dejó claro que ellos llegaron a ese punto hace tiempo.
No es por seguir las comparaciones, pero si bien Bill Kelliher de Mastodon se comunicó en español con el público, la conexión lograda por Gojira fue aún mayor, y sin hablar ni una pizca de nuestro idioma. Quizás el mejor ejemplo de esto fue en el solo de batería que Mario Duplantier tocó después de The Art of Dying, donde con la ayuda de pancartas pre-escritas animó al público a gritar aún más fuerte, para después terminar mostrando una graciosa última pancarta que decía: “puta que los quiero caleta!”. El gesto terminó siendo agradecido con los fans coreando el nombre de Mario quien se mostró agradecido por los gestos.

Siguiendo los ejemplos de lo muy conectada que estaba la audiencia, y como no puede faltar en un algún concierto de Gojira, las ballenas inflables comenzaron a volar en Flying Whales, dando un excelente ejemplo de que el disfrute del metal no es solo mosh y cabeceo. Este pequeño pero gracioso gesto también sirve para hablar de otro tema: el activismo de la banda. Con Fortitude, su más reciente disco, lanzado en 2017, Gojira tomó su reciente fama mundial y la aprovechó para poner aún más en el centro su ambientalismo y los discursos políticos, no por nada el gran single de ese disco es Amazonia —que tiene un lugar estelar como la penúltima canción del show— y que nos recuerda la misión siempre clara los franceses por pelear contra el calentamiento global, visitando el Wallmapu e incluso haciéndose partícipes de protestas en Brasil, aunque les duela a los que dicen que esas no son las formas de pedir cambios.
Esto se ve reflejado cuando tocaron la ya mencionada Amazonia, que fue dedicada al pueblo Mapuche y a nuestros pueblos originarios, incluso ondeando una bandera Mapuche que tenía escrita la palabra Gojira encima y que el mismo Joe Duplantier le pidió a un miembro de la audiencia para mostrarla al resto de la gente. La bandera chilena vino al final del show, pero no fue tan importante.
Para terminar, quiero recalcar el poderío de Gojira con un ejemplo. Escuchando el último disco, Fortitude, hubo algunas canciones que no me gustaron demasiado como The Chant. Bueno, esa fue una de las elegidas para estar en el show, y gracias a un coro altamente repetible y a las mini-lecciones de canto que nos dio Joe, todo el público pudo unirse en esta canción que fue presentada como una muestra de unión y fortaleza propia. Tan lindo fue el momento que ahora la versión de estudio me terminó gustando más, porque me recuerda a lo que viví con otros metaleros del público, y sé que es algo que compartiremos los asistentes a este Mega Monster Tour 2023.
Tanto así que de vuelta en una micro llena de poleras negras camino a Plaza Italia, cansados y destruidos, dos cabros se pusieron a cantar esa parte de The Chant, y en poco tiempo la mayoría los seguimos. No sé ustedes pero una micro llena coreando una canción de Gojira es algo que encuentro precioso, colectivo y catártico. Al menos por una noche, y en ese sector específico de Santiago, lo de Milei ya no era importante. La colectividad venció al miedo, y eso se consiguió con música y poleras negras.




