Es 1985 y las salas de cine están repletas: una historia de amor que debe ocurrir para que el protagonista exista, una máquina del tiempo construida con un automóvil marca DeLorean y un caótico dúo que guía el argumento son las claves para que Volver al Futuro (Back to the Future, Robert Zemeckis) se convierta en una obra magna del cine.
La película no solo es un éxito de taquilla; también se transformará en un fenómeno cultural para generaciones completas, instalando frases, personajes y escenas en el imaginario colectivo.
Es 2025 y, una vez más, las salas de cine están repletas: Volver al Futuro ha vuelto, valga la redundancia, a la pantalla grande por su aniversario número 40. Familias, parejas, jóvenes y no tan jóvenes se sientan para ver la aventura de Marty McFly y el doctor Emmett Brown, para muchos es la primera vez que la presencian en pantalla grande, mientras que otros la viven como si hubieran regresado, precisamente, al pasado.
“No sé cuántas veces la he visto, me la sé de memoria la verdad, pero no es lo mismo verla en la tele que acá; hasta caché detalles que no me había fijado antes, en especial de la casa del doctor Brown”, cuenta Emilio Ortega a las afueras de una de las funciones del Cinemark del Portal Ñuñoa. “La música sonaba distinto, y cuando aparece el DeLorean por primera vez, se escucharon incluso aplausos. Eso no pasa viéndola en la casa”.
Su experiencia refleja la fuerza que tienen los reestrenos: reencantar al público con una emoción que pareciera nueva, aunque la historia sea conocida de memoria.
Y es que la opinión de Emilio es similar a la de muchos que hemos tenido la experiencia de ver una película clásica —o, al menos, una de esas que conocemos por la tele, por streaming o incluso por haberla visto ya en el cine décadas atrás— y presenciarla ahora «a lo grande», como las audiencias para las que fue originalmente concebida. Se siente como recuperar algo perdido: la sensación de espectáculo que solo la pantalla gigante puede dar.
No es un fenómeno nuevo. En los últimos años, los cines nacionales han desarrollado una cartelera fuertemente ligada a los reestrenos de películas exitosas o de culto, una tendencia internacional que ha probado ser un salvavidas para las cadenas de cine en tiempos de streaming. En 2023, la saga de El Señor de los Anillos (2001, 2002, 2003) volvió a las salas y consiguió que miles de personas regresaran al cine para revivir la trilogía de fantasía dirigida por Peter Jackson, varias de ellas por primera vez desde su estreno original. Hubo funciones agotadas, maratones y un entusiasmo que recordó el fervor de los años dos mil.
Ese mismo año, por el aniversario de los 100 años de Warner Bros., se reestrenaron grandes clásicos de la compañía, como La Naranja Mecánica (1971) o Los Buenos Muchachos (1990), convocando a cinéfilos que nunca las habían visto en una pantalla de cine. Y un año antes, Cinemark también reestrenó otras películas icónicas como 2001: Odisea del Espacio (1968) o Mad Max (1978), demostrando que la nostalgia —y la necesidad de reconectar con el ritual colectivo del cine— tiene un poder inagotable.
Lo cierto es que estas experiencias han devuelto algo esencial: ver cine como evento. Y en tiempos donde los estrenos pueden verse en casa a los pocos meses, el regreso de clásicos como Volver al Futuro recuerda por qué, pese a todo, las salas siguen vivas. Porque hay historias que simplemente están hechas para ser vistas en la oscuridad de un cine, compartiendo risas, sorpresas y aplausos con desconocidos.
Karina Ventura, gerente comercial de Cinemark Chile, plantea a Revista Matadero, que “la estrategia de programar clásicos es algo que viene desde hace mucho tiempo, si miramos hacia atrás, venimos reestrenando clásicos hace años (2014). Además los reestrenos son muy importantes, ya que está demostrado que marcaron la vida de personas, son esos espectadores los que quieren revivir sus emociones mediante una película. Quieren volver junto a sus hijos, padres, abuelos. Es una sensación nostálgica la que se vive dentro de una sala de cine”.
La ejecutiva comenta que la recepción de la audiencia ha sido un éxito: “Hemos tenido una muy buena respuesta del público, con películas como Toro Salvaje (Raging Bull), Chinatown, El Padrino (The Godfather), Rescatando al Soldado Ryan (Saving Private Ryan), Footloose, Casablanca”.
“La gente tiene una sensibilidad especial con el recuerdo. Asocian películas con recuerdos importantes y eso es algo que valoramos muchísimo”, enfatiza.
Reinventarse en tiempos de streaming
Los reestrenos se han convertido en una estrategia creciente dentro de la industria cinematográfica a nivel mundial, impulsada por varios factores que convergen en un momento clave para las cadenas de cine: por un lado, los reestrenos representan una fórmula de bajo riesgo: son películas cuya calidad, impacto cultural y fanbase ya están probados.
En esa línea, para las cadenas, traer de vuelta títulos clásicos se traduce en llenar salas con una inversión mínima en promoción, apoyándose en la nostalgia y en la popularidad instalada de filmes icónicos que ya forman parte del imaginario colectivo. Mucho del trabajo de difusión lo hace la audiencia misma.
Además, en una época donde las plataformas de streaming concentran gran parte del consumo audiovisual, los cines han debido repensar su rol. Y allí los reestrenos aportan algo que las pantallas no pueden replicar del todo: la experiencia. Ver una película como Volver al Futuro, El Señor de los Anillos o 2001: Odisea del Espacio en formato restaurado, con sonido envolvente y una pantalla gigante, convierte a estas funciones en eventos especiales, donde pueden ir en grupo, en familia, prepararse. A eso se suma que otra parte de la reinvención es también incluir un material que por años fue de nicho: documentales y películas de conciertos o artistas musicales. De hecho, actualmente ya está en preventa Behind the Mask, documental de Megadeth o el concierto The DominATE Experience de Stray Kids.
Para muchos espectadores, es la oportunidad de vivir por primera vez —o revivir— una historia que marcó su vida, pero ahora con la potencia técnica y emocional de una sala moderna.

Ricardo Sierralta, publicista y académico de la U. Central, explica a Revista Matadero que “la competencia con las plataformas de streaming es fundamental. Esto ha obligado a los cines a ofrecer distintas experiencias para que el espectador se dé cuenta que esto no puede ser replicado en su casa. Los reestrenos que hemos estado viendo en el último tiempo, apelan fundamentalmente a la nostalgia, el valor cultural”.
En esa línea, dice que “las nuevas generaciones están descubriendo estos clásicos que sólo conocían por referencia y obviamente por memes, que es lo que se ha viralizado normalmente por redes. Al verlo en cine, las nuevas generaciones revalorizan estos clásicos”.
“Sin ir más lejos, la audiencia de Volver al Futuro tiene todos los elementos para generar esta comunidad. De hecho, han sido partícipes de miles de eventos de Comic-Con, han venido con el auto, han traído a los personajes secundarios y principales de las películas, hay todo un culto alrededor de esto. Además, los cines combinan esto con estrategias digitales”, señala el experto, quien destaca que “en muchos casos, estas redes funcionan como puerta de entrada a la historia del cine”.
A su juicio, esta estrategia “fortalece fundamentalmente la cultura cinematográfica y obviamente diversifica la audiencia tradicional que existe en la sala, enriqueciendo su valor cultural en general como aporte. La verdad que es un muy buen camino para seguir alimentando con nueva audiencia y eso uno lo puede ver cuando conversa con los chiquillos en la sala de clases respecto de qué nivel de conocimiento tienen de estos títulos”.
El impulso por potenciar esta estrategia también está directamente relacionado con el fuerte impacto que dejó la pandemia de covid-19, y es que durante 2020 y buena parte de 2021, las salas estuvieron cerradas o con aforos reducidos, lo que provocó pérdidas millonarias y un cambio profundo en los hábitos de consumo, con el streaming como protagonista. Hoy no es difícil escuchar a alguien decir “esperaré a que salga para la televisión”. Y si antes eso significaba esperar meses o incluso años para el VHS o el DVD, hoy incluso son semanas (la industria cinematográfica también sabe cómo auto sabotearse).
Por lo mismo, recuperar al público no ha sido sencillo: muchos espectadores se acostumbraron a ver estrenos desde sus casas, y la asistencia total aún no regresa a los niveles previos a la crisis sanitaria, salvo por ciertos estrenos asegurados de Marvel o Disney. Frente a este escenario, los clásicos funcionan como un puente que invita al retorno, recordando a la audiencia el valor insustituible de la experiencia en pantalla grande, y todo, con una inversión mucho menor que al tratarse de un incierto estreno, una apuesta que puede dar números negativos.
“Requiere muy poca inversión porque estamos hablando de un material que ya existe”, resalta Sierralta.
Apunta a que “lo importante es que genera, por esa poca inversión, unos altos niveles de engagement y retorno emocional, como se define tecnológicamente y mediáticamente. Las grandes cadenas, en este caso las que distribuyen las películas, logran atraer tanto a cinéfilos como a nuevos espectadores. Y los estudios extienden, por otra parte, la vía comercial de todos sus catálogos de películas, que están llenos de joyas y que cada cierto tiempo están aprovechando de darles un nuevo brillo, hacerles un pequeño, verdad, enchulamiento, y con eso recobran vista de su catálogo completo”.
Como sabemos, también influyen los ciclos de aniversario, los eventos temáticos, como Halloween, y las restauraciones digitales, que permiten ofrecer versiones remasterizadas en 4K o IMAX, agregando un atractivo adicional. Los hitos de 20, 30 o 40 años, como fue el caso de Volver a Futuro —que incluso extendió su estadía en la pantalla grande por una semana adicional en noviembre—, se transforman en excusas perfectas para reponer en cartelera una cinta amada, mientras los estudios colaboran con materiales renovados y campañas temáticas.
Los reestrenos están respondiendo, además, a una tendencia más amplia: el deseo de comunidades de fans por compartir experiencias colectivas. Funciones temáticas, maratones, conversatorios o incluso funciones con cosplay alimentan esa dimensión comunitaria que solo el cine presencial puede ofrecer, no por nada entre las películas que han vuelto a la pantalla se encuentran esas de culto como Rocky Horror Picture Show, que hace unas semanas brilló de nuevo en toda su musicalidad en el cine.
“Ir al cine ya es una actividad extinta. Es en un cine donde se apagan las luces y finalmente compartes el pulso con otras personas. Eso es mágico. El cine debería verse en los cines”, decía hace unos días Stellan Skarsgård al recibir su Globo de Oro como Mejor Actor de Reparto por Sentimental Value (2025). Y aún somos muchos los que le hacemos caso (y esperamos que siga siendo así).



