Por: Aldo Vidal N.
“Te bloqueé de Insta, pero por otra cuenta veo tus historias”, dice Manuel Turizo en su hit ‘Bachata’. Como si fuera un espejo inverso Karol G responde en ‘TQG’: “te fuiste diciendo que me superaste y te conseguiste nueva novia. Lo que ella no sabe es que tú todavía me esta’ viendo toa’ la historia’”.
Las viejas cartas, las flores o las llamadas telefónicas parecen haber sido desterradas del imaginario del género urbano a la hora de describir el despecho o desamor. Ahora todo sucede en las redes sociales, allí están las señales, contradicciones y puñaladas de los amores incompletos que vociferan los artistas del trap y el reggaeton.
Dentro de este género, el más exitoso en cuanto a cifras de reproducción y número de fanáticos, se ha abrazado al mundo digital de Instagram y sus referencias para aludir a romances y rupturas. Incluyendo a la jerga propia de este mundo con la que se busca reflejar de manera directa las complicaciones o simplicidades de las relaciones amorosas.
Este tipo de estrategias líricas sin duda conecta con el público centennial que vive gran parte de sus relaciones sociales en el ámbito digital. Sin embargo, levanta una barrera para un público más adulto que podría quedar fuera de las dinámicas.
Esta fórmula es esencial a la hora de construir un trap pues a diferencia del género pop, donde no se busca representar una realidad cotidiana y en general se aluden a escenas idílicas en escenarios poco habituales, en el ritmo del que Bad Bunny es rey se quiere mostrar una realidad sin decorar, representar el mundo en el que vive el artista de forma cruda y poco pulida.
El discurso de este género tiene como eje un marcado carácter biográfico y se caracteriza desde su origen por presentar temáticas como el tráfico de drogas o la sexualidad. La regla en el trap es cantar sobre lo que conoces, no es sentirlo como propio, como en otros géneros, sino haberlo vivido.
Sígueme y te sigo
Hoy en día el uso de instagram es muy cotidiano para los artistas trap, seguramente porque el auge de ambos es prácticamente paralelo. El origen de esta red social se remonta al año 2010 como una aplicación móvil, al inicio exclusiva para dispositivos iOS, destinada a capturar, producir, editar, compartir fotos y videos de corta duración en tiempo real.
Con rapidez alcanzó fama entre las redes sociales, logrando en su primer año de operación 12 millones de usuarios. En 2012, la comunidad creció gracias a su versión Android y su incorporación al grupo comercial de Facebook: mejoró su sistema de seguridad, gestión de comentarios y geolocalización de publicaciones, junto con sumar una versión web; con lo que alcanzó los 80 millones de usuarios.
Una de las primeras referencias a esta red en canciones urbanas la hizo Daddy Yankee, considerado uno de los artistas emblemas del reggaeton y precursor de su masificación. En ‘Sigueme y te sigo’ de 2015 no se menciona explícitamente a las redes sociales (“sígueme y te sigo mami/ Que pa’ la rumba es que nos vamos / Y bailando nos desquitamos /Del mal de amor que nos han causado”), pero el video de la canción se sitúa en un colegio donde los celulares y “likes” son el vehículo para el encuentro amoroso.
No es de extrañar que de ahí en adelante las alusiones a la web y sus dinámicas no se detuvieran. La generación de artistas que componen o producen trap está claramente marcada por haber crecido con la expansión de internet y todas las tecnologías derivadas. Esto acercó y facilitó la producción musical, democratizando la creación y difusión de sus canciones. Los traperos son hijos del ascenso de la digitalización de la música.
Y en ese sentido, los músicos del trap han visto su vida construida y reflejada en internet. En esta plataforma encontraron un canal para generar una conversación constante y directa entre ellos y su público. Incluso para muchos, el trap no se basa en el talento, sino en transmitir un discurso en base a su veracidad.
Al igual que pasó con el hiphop, se ha inventado una nueva jerga o lenguaje específico que muestra los imaginarios propuestos por los cantantes. Los intérpretes intentan plasmar a través de sus líricas sus modos de vida. En ese contexto, también, el narcisismo que permea constantemente los discursos del trap no es casualidad.
“No te bloqueé de las redes pa’ que vea a la otra en la Mercedes”, dice Raw Alejandro en ‘Te Felicito’. Hay poca poesía y escasas metáforas en este tipo de canciones y se privilegian las emociones y vivencias más literales. Y a la hora de abordar tanto el romance como el desamor, se recurre a las dinámicas más evidentes y reconocibles. Dentro de las interacciones de las redes una conducta repetida es, por ejemplo, la de falsear la propia identidad.
“Sé que ese Instagram falso eres tú, bebé”
“Deja de mentirte la foto que subiste con él diciendo que era tu cielo /Bebé, yo te conozco tan bien, sé que fue pa’ darme celos / Hawái de vacaciones, mis felicitaciones / Muy lindo en Instagram lo que posteas / Pa’ que yo vea cómo te va, pa’ que yo vea”, rima Maluma en su canción ‘Hawai’ que se rumorea estaba dedicada a su ex, Natalia Barulich, quien terminó con él para empezar una relación con el futbolista Neymar.
Fuera de la situación específica que habría inspirado a Maluma, ésta alude a una conducta típica relacionada con la simulación y el imperio de las apariencias que se construye a diario en redes como Instagram.
Un estudio de la Universidad de Northwestern respecto a las redes afirma que cuando las personas se sentían más inseguras respecto a los sentimientos que su pareja tenía hacia ellos, más tendían a hacer visibles sus relaciones en el plano virtual. Algo extrapolable a lo que sucede tras un quiebre amoroso, donde “es necesario” enviar mensajes y proyectar la vida que se quiere que el ex conozca.
Zygmunt Bauman en sus análisis respecto al mundo digital hace referencia a que lo se vende en el internet no es la realidad: las personas aparentan una cosa y son otra. Además de que se ha perdido el contacto físico de persona a persona.
“Subiré un par de historias como si nada me pasa/ Super triste verte con otro en Instagram”, entona Polimá Westcoast & Pailita en su hit ‘Ultra Solo’, retratando esta misma conducta que se ha vuelto un clásico de las redes: “Lo que muestro no es necesariamente lo que siento”.
El mismo filósofo afirma que el internet ha creado una doble vida online y offline, cada uno con sus propias características. “Aunque ni siquiera te sigo ¡SOG! / Me mantengo pendiente a tus storie’ (Qué pista, pa)”, dice en ‘Instagram’ el rapero Blessd. “Sé que ese Instagram falso eres tú, bebé, mirando mis historias”, canta Wisin y Anuel AA en la canción ‘Mi Exxx’.
Lo que parece no siempre es lo que es, y por lo tanto hay que aprender a navegar entre este mar de espejismos donde los perfiles y las fotos no significan necesariamente lo que muestran a simple vista.
Marshall McLuhan, autor de “El medio es el mensaje”, había entendido que más importante que el contenido que se presenta en un medio son las condiciones y características propias de este (el medio es el mensaje) y cómo afecta nuestras relaciones, nuestra cognición y nuestros sentidos.
De esta forma, el hecho de que Instagram sea una red social que se usa esencialmente para entretenerse y dejarse ver, marca el tono de interacciones y conductas de los usuarios muchas veces superficiales y básicas. No obstante, ese es el medio que ha dado paso a un nuevo lenguaje y nuevas señales sobre cómo se percibe hoy un romance o un quiebre amoroso.
“Dandole like a la foto mia”
Durante los últimos años, Instagram se ha consolidado como la “red del coqueteo”, fuera de las aplicaciones de citas, en este espacio virtual, los likes y otras acciones son interpretadas como un flirteo, un quiebre o una posible reconciliación. “Si subo una foto, le gusta/ Si subo un vídeo, like y like y like/ Si estoy en directo, me envía corazones / Dice que le gustan mis canciones’”, entona una jovencísima Martina D ́Antiochia en su canción ‘Like’ dando cuenta de cómo un hombre trata de conquistarla.
Según esta línea de pensamiento, dar muchos “me gusta”, comenzar o dejar de seguir a alguien es entendido como un gesto trascendente respecto al vínculo amoroso que se tiene o que se dejó de tener. “Y ahora quieres volver, ya lo suponía/ Dándole like a la foto mía (a la mía)”, canta Shakira y Karol G en ‘TQG’ para demostrar la estrategia de reconquista de un galán infiel.
Sobre esta dinámica de relación, en 2017 investigadoras de la Universidad de Guadalajara (México) publicaron un estudio (“El amor y las nuevas tecnologías: experiencias de comunicación y conflicto”) en el que detallan la coexistencia de dos grandes tendencias relacionadas al uso de las tecnologías afectivas: por un lado la búsqueda de parejas potenciales; y por otra la presencia de mecanismos de control en parejas ya establecidas que incrementa las sospechas y la vigilancia.
Y es que en redes como Instagram, por lo general, emerge la esperanza por gustar, seducir, vincularse con otro/a y temor ante la indiferencia o el rechazo. Se vuelve también un medio de comunicación íntimo donde concretar una primera comunicación o medir el interés de la otra persona por ti.
“¿Dónde quieres que te escriba / Por el Instagram o iMessage? / Frente a la gente no dejo que me bese’” dice Myke Towers, Farruko & Arcangel en ‘Si Se Da (Remix)’.
En cuanto a los quiebres amorosos, antes el ritual era romper las fotos y las cartas de amor, ahora el proceso hacia el olvido se traduce en dejar de seguir, borrar publicaciones, quitar las etiquetas o eliminar el contacto.
“Solo comparto memes, ya yo no escribo nada (nah) / Y no he borrao’ tu foto, solo la puse privada”, dice Bad Bunny en ‘Si veo a tu mamá’ para reflejar sus sentimientos ante una mujer que lo dejó.
En una canción posterior el artista intenta revertir la tendencia y darle una vuelta a esta forma de interacción y pide a su interés amoroso “no me busques en Instagram, buscame en casa”. (‘Yonaguni’) Una forma de expresar un nuevo camino para establecer un vínculo amoroso que a la luz del comportamiento de su generación parece imposible.



