Conversaciones de cine – Ana L´Homme: “El canto está cumpliendo una función súper importante para estas mujeres”

Yo no canto por cantar Portada Ana L'Homme
Yo no canto por cantar es el largometraje debut de Ana L´Homme, el que se ha consolidado como uno de los documentales chilenos del año. Conversó con Revista Matadero sobre el oficio de las cantoras campesinas, su paso por festivales y el espíritu inquebrantable de Mauricia Saavedra, su protagonista.

La filósofa estadounidense Donna Haraway propuso en su texto Visiones de Primate: Género, Raza, y Naturaleza en el Mundo de la Ciencia Moderna que hay una tendencia a masculinizar la historia. La tesis la aplicó al estudio de los primates como un ejemplo donde los científicos tienden a poner su foco en las actividades de los machos, en las que estos son agresivos y ejercen poder sobre hembras, siempre receptivas. En esta narrativa tradicional, las hembras y sus actividades pasan a un segundo plano, privando a la ciencia de información elemental para el entendimiento de su especie. 

Otro continente, otro tiempo también. En la China imperial, un grupo de mujeres creó el nü shu, un idioma secreto, debido a que el escrito oficial solo estaba permitido enseñarse a hombres. Transmitido de madres a hijas o entre cuñadas, era un lenguaje de intimidad y sororidad. En una moneda de bronce encontrada en la provincia de Jiangsu hay una inscripción en nü shu que puede ser traducida como: «Todas las mujeres bajo el cielo pertenecen a la misma familia».

La historia se construye a partir de una versión oficial: la de los ganadores, casi siempre hombres y quienes no entran en esa categoría quedan inevitablemente relegados. Pero desde atrás también se construye la historia, una versión menos adecuada tal vez, pero una que sigue luchando por existir. Una que va a su propio ritmo, una que tiene canción propia, se podría decir. Tal es el caso del colectivo de mujeres que conforman Yo no canto por cantar, documental dirigido por Ana L’Homme, ganador del Mejor Documental Nacional en In-Edit 2024, premiado por su banda sonora en FECICH 17 y que desde el 2 de octubre llegó a salas nacionales gracias a la distribución de Miradoc.

Yo no canto por cantar sigue a la cantora campesina Mauricia Saavedra en su encuentro con otras cantoras de la región del Maule. Cada una de ellas encuentra su voz en el canto popular a través del cual nos cuentan sus historias y visibilizan diversas experiencias de maltrato sufridas en el campo chileno, ya sea infidelidades, desigualdades de género, e incluso violencia sexual. Es un lenguaje único, que tal vez no le sea habitual a muchos, pero que persiste ante la adversidad y que solo necesita a la intérprete indicada para presentarlo al mundo.

Aquí es cuando conocemos a Ana L’homme, la voz detrás de las voces. Proveniente del mundo de los intérpretes de conferencias, Ana dirigió su primer cortometraje Entre la tierra y el canto (2019) como un trabajo para su magíster de cine documental. En este, presentó por primera vez la historia de Mauricia Saavedra.

¿Qué te hizo querer seguir contando su historia?

Inicialmente, antes de hacer el retrato con ella, quería hacer un documental de varias mujeres. Lo que pasa es que me dijeron “oye, es un poco ambicioso trabajar con varias mujeres” y me aconsejaron trabajar sobre la Mauricia. Y funcionó bien ese documental, me saqué una Biznaga de Plata en Málaga, que… Ni sabía lo que era el Festival Internacional de Málaga. Imagínate. Yo me dije, bueno, esta es la oportunidad de volver a la situación anterior, de hacer un documental coral, por un lado, y por otro empecé a cachar la potencia de la Mauricia, y tu cachai esa pregunta que te hacen: ¿en qué tu documental es original? O sea, en que tú eres la única que puede hacer ese documental y no lo puede hacer otra persona. Ahí me dije, en realidad la relación que yo tengo con la Mauricia es súper privilegiada y yo no sé quién más podría hacer un documental desde adentro del mundo de las cantoras. Desde la intimidad. Porque hay que tener esa relación súper privilegiada con alguien de adentro. 

También había una cosa más intangible que para mí la Violeta Parra siempre ha sido un personaje súper importante. Yo tuve que salir de Chile y Violeta era como mi cable a Chile. Cantaba canciones de la Violeta y quería conocer ese mundo de la Violeta por dentro. Pero era como más un intangible, no era suficiente motor para hacer un documental de 80 minutos. Pero conocer ese mundo, por qué tienen esa facilidad para el canto, de dónde surge esa veta, cómo le salió a la Violeta, por qué levantaba una piedra y podía tocar una canción. Y lo descubrí.

Mi siguiente pregunta venía por ahí porque en el documental Mauricia va guiando la conversación entre las cantoras. ¿Cómo hiciste, o hicieron, para ganarse la confianza de estas mujeres y adentrarse en su mundo privado?

Había definido ya tres días de filmación en el sur, en la Región del Maule, y no tenía contemplado a la Mauricia. La Mauricia iba a ser una más, si es que. Y de repente me empiezo a imaginar: voy a llegar donde esta señora y le voy a decir “buenos días señora María Eugenia, vengo de parte de la Mauricia”, y era como… No. O sea, acá necesito ir de la mano de la Mauricia, no me interesa esa cosa como tan externa. Me va a tomar ocho meses ganarme a esta señora, si es que. Además las viejitas son súper desconfiadas. Entonces de repente dije no, esta cuestión tiene que ser de la mano de la Mauricia. Y le pregunté y la empezamos a filmar desde el comienzo así. Ella… Bueno, la Mauricia tiene mucha confianza, o sea, se ha ganado la confianza en todo el Maule. Tanto así que fíjate que con la Doralisa, que es la la señora que que habla de su violación, llegamos y el tema que teníamos contemplado para ella era el cuidado de su marido, del sacrificio de las viejitas con su entorno que dejan todo por el marido… Y a los cinco minutos nos habló de la violación. Así el nivel de confianza con la Mauricia. Entonces mi parte fue tener la intuición de que  tenía que trabajar con la Mauricia para meterme en ese mundo.

Es una buena idea. Tiene mucho carisma.

Tiene la confianza de todos, de todas. Porque ella es genuina, es verdadera en su acercamiento a las viejitas, que también aparece un poco en el documental, o sea, empezó cuando se murió la abuela, ella empezó a ver como en todas las viejitas a la abuela, porque muchas eran como de la generación de la abuela de ella. Entonces el acercamiento que tuvo, sobre todo con las viejitas, era realmente genuino y verdadero. La gente siente eso. Ella no está para sacarle verso, no está para sacarle canto, sino que comparte con ellas el canto y también hace un esfuerzo por enseñarles algo de sí misma. Y en este caso, lo que decidimos es que cada vez que la cantora cantara algo, la Mauricia le iba a responder, que el diálogo se centrara en el canto recíproco de estas dos cantoras. Eso daba un cierto… Una repetición de forma. Un diálogo cantado.  

Yo no canto por cantar Texto 1

En la película, Mauricia habla acerca de la distinción entre ser cantora y ser artista. Una vez que te sumergiste en este mundo, ¿cuál es la distinción que entiendes entre esos dos conceptos?

Lo que pasa es que nunca nos metimos en el mundo de las artistas. Pero hace siete u ocho años la vi en el Teatro de Talca, creo, o en el Centro de Atención de la Universidad de Talca. La vi frente a un público y no, es totalmente otra… O sea, de partida el artista tiene cierta distancia con el público. No es inmersivo, no tiene una relación de tú a tú y de compartir algo. Pero en el caso de la Mauricia, yo te diría que la gran diferencia que aparece en el documental es que el canto es por un sentir y eso significa en realidad que ellas conectan con su dolor y desde esa conexión con el dolor ellas producen el canto, porque prácticamente todos los cantos son originales, son de autoría propia y además no se conocen, porque ellas lo cantan para sí mismas, no lo cantan para el público.

Algo que se repite en cada cultura es que mientras los hombres van creando la historia oficial, las mujeres quedan relegadas, crean su propia historia y su propio lenguaje. ¿Qué tiene el lenguaje de las cantoras que lo hace tan especial? ¿Por qué debemos conocerlo más? 

Porque principalmente retrata su intimidad. O sea, uno estudia un poco los documentales que hay sobre el tema en que se va a meter de cabeza durante cuatro o cinco años. Yo veía que había dos tendencias: una era ir al documental por la nostalgia que produce, que se yo, la pérdida del canto campesino; y después lo otro es que son documentales sobre cantores campesinos. Y, en realidad, en este caso la cantora campesina realmente habla desde su ser más interior. Y en el caso de la Mauricia, en su lenguaje, tocan el alma porque en realidad tocan su propia alma. No solamente es una forma de sanación, es una forma también de reconciliarse con su propia vida. Porque las cosas que pasan en el siglo 21 te hacen decir ¡en qué país estamos! Las cosas que siguen pasando…Es para suicidarse o para estar envenenada hasta hasta la última raíz, hasta la chuza. Entonces son cantos que salen muy desde el interior. Y en ese sentido yo te diría que estamos muy lejos de una cultura que se está acabando, porque el canto de alguna manera la mantiene viva. Después de hacer el documental, me vino como otra lógica que era que, en realidad, no es que el canto campesino se estuviera acabando, sino que es una cultura que se está acabando por el nivel de violencia, de machismo, de incoherencia que hay en esa cultura. Pero no es por el canto que se está acabando ¿me entiendes? Una cultura se acaba por el nivel de contradicción interna en que está. Pero el canto está cumpliendo una función súper importante para esas mujeres para sobrevivir. 

Y sigue vigente. 

Absolutamente. Además en estos encuentros he visto mucha gente joven, cabras jóvenes de 25, 28, 30 años que aparte de tener su grupo musical, cantan o quieren profundizar en el canto campesino.

Sí, incluso hay una chica que va para ser aprendiz de Mauricia, es algo muy bonito.

Nos mandó un video hace unos días días en su universidad. La hicieron cantar como cantora campesina y se reconoce como cantora campesina, super bonito. Es un tema de identificación, igual como ponerte el nombre adelante y estar con eso para presentarte. Y ahí está ella después de la entrevista. ¡Se la hicimos hace cuatro años y ahí está parada en la Universidad! Dice “yo soy cantora campesina”.

El documental ha tenido un exitoso paso por festivales. ¿Cómo ha sido la recepción del público, de lo que han podido ver?

En INEDIT no me logré conectar con el público porque estaba muy nerviosa y muy expectante. Pero justamente en Quilpué me sucedió algo curioso: ya estaba tranquila. No sé, ya había pasado, ya había ganado un premio. Y pude conectarme. La sala estaba bastante llena y durante los 10 o 15 primeros minutos tenías ese típico movimiento en el público de que están abriendo una bolsa de palomitas o de algo como de ruidos. Y de repente se silencia la sala y en ese silencio, sentí que la gente se metió en el documental e iba tomándole peso. No sé si el público entraría en la misma forma en Santiago, pero ahí le estaba hablando a gente que es de ese mundo. Gente que tiene padres o abuelos campesinos y que, por lo tanto, lo conocen o que ellos mismos son parte de esa generación. Entonces era muy emocionante porque realmente sentía por el silencio que estaban súper identificados. Eso me encantó. 

Me da curiosidad ¿las cantoras han visto el documental? 

Sí, en Talca las hicimos venir. Bueno, hay una que es ciega, así que escuchó todo el documental y estaba muy emocionada. “Fue muy divertido porque había dos que son más solitarias y además son primas; entonces una dijo: “lo que más me entristece es que no esté mi familia para ver este documental”, y la otra le decía “¡pero cómo si yo soy su prima, yo lo estoy viendo!”. Estaban súper emocionadas, de repente cacharon que estaban en pantalla grande. De hecho, la Doralisa cuando nos contó sobre la violación, con la Mauricia le dijimos “esto va a ser un documental. Va a salir… No sé, va a salir en la tele, va a salir en los cines” y ella dijo que Sí. Lo tengo clarísimo. Pero creo que al verse fue un shock. Estaba también muy emocionada. 

Yo no canto por cantar - Afiche

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