¿El triunfo de la novela juvenil romántica? Las nuevas generaciones sí leen, pero no lo que los dinosaurios quieren

Alice Kellen
La pandemia hizo explotar la mecha que venía silenciosamente encendiéndose desde hace una década: la lectura en formato digital. En los últimos años encuestas y estudios españoles han revelado que los jóvenes sí están leyendo. Y los hechos dicen más incluso: en Chile y Argentina autoras como Alice Kellen agotaron en minutos entradas para sus meet and greets. Entonces, ¿por qué la sociedad sigue diciendo que las nuevas generaciones no leen? Aquí analizamos cómo prejuicios, expectativas erradas y (cómo no) el capitalismo han dañado a la novela romántica.

Por: Flor Gúzman

Cinco minutos. Sólo eso duró la inscripción para su meet and greet en Argentina. En Chile, algunos dicen que en diez ya estaban agotadas. Otros que también se esfumaron en 300 segundos. Miles de jóvenes, muy jóvenes y no tan jóvenes, soñaban con conocerle y llenaron de reclamos Instagram y Tik Tok por no lograrlo.

“Todo estaba arreglado”.

“Qué injusto que regalaran entradas a gente famosa, pero que ni siquiera le gusta”.

“Estuve toda la mañana en la fila y su página se cayó justo cuando había logrado inscribirme”

“Mi hija obtuvo un cupo y le mandaron un mail cancelándolo”.

“Siempre una estafa estas cosas…”.

Y no, no hablamos de Harry Styles o de Millie Bobby Brown. No hablamos de música ni de cine, artes que nos tienen acostumbrados a causar desmayos, suspiros, llantos, ataques de furia y seguimientos paparazis. Hablamos de libros y de una de las autoras que ha vendido más de dos millones de copias en su década de carrera: Alice Kellen, que estuvo en Chile en septiembre del 2022. Más de dos mi-llo-nes, en la era de la piratería, cuando, seamos sinceros, no es necesario comprar para acceder a contenido. Eso dice suficiente y más.

Kellen no es la única. Elisabet Benavent o Ariana Godoy son otras autoras que también nos han visitado. Y la igual de superventas Joana Marcus, cuyas inscripciones se agotaron en 120 segundos. Menos de lo que tardas en lavarte los dientes. Cerca de 44 mil seguidores chilenos quedaron sin posibilidad de conocerla.

¿Qué las une? El romance. Escriben de amor y desamor, de reencuentros y caídas, de amigos de infancia que se convierten en amantes, de parejas que no pudieron ser, de compañeros que se odiaban y terminan cayendo en pasiones irrenunciables. Ellas nos demuestran año a año que la lectura no está muriendo: las futuras generaciones sí están leyendo, al contrario de lo que la opinión pública critica o asegura (elija usted el verbo que prefiera). Y no es en papel: es primero en Wattpad y luego allá.

Oh sí, Wattpad, para entender el fenómeno tenemos que profundizar en esto. En resumen y por si no te suena, es una plataforma de lectura y escritura que nació en 2006 y en 2009 sacó su aplicación, consolidando en un solo lugar el fenómeno de los foros de los 90’ y los 2000: los fans leían y escribían, intercambiaban opiniones, evaluaban, se peleaban y hacían amigos. Hoy tiene cerca de 90 millones de usuarios y sus historias son insumos para las grandes editoriales debido a su fuerte crecimiento en los últimos tres años.

¿De dónde salieron tantos lectores? En 2021, el informe anual sobre libros infantiles y juveniles de Fundación SM, en España, concluía que hubo un significativo aumento de la lectura durante la pandemia, principalmente entre los 14 y 35 años, algo que “suele corresponder al menor porcentaje de lectores habituales”, decía la misma institución. Además, un 30% de los lectores de 14 o más años aseguró leer libros en formato digital al menos una vez al trimestre.

Esto es coherente con otros estudios recientes. Según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España (2022), un 74% de los jóvenes entre 14 y 24 años lee en su tiempo libre.

Entonces, ¿por qué se sigue diciendo que las nuevas generaciones no leen? Pues, por lo que leen. El gran tema es que la clase de lectura que Marcus o Godoy encabezan no es la que a muchos les gustaría que los jóvenes consumieran. No es el Quijote de la Mancha ni La Guerra y la Paz, tampoco La Divina Comedia o Cien años de Soledad. Es romance, un género que ha sido históricamente menospreciado, algo que en la actualidad no ha cambiado, porque el romance no cultiva mentes, dicen, no nos muestra la trascendencia de los dilemas de la humanidad, no promueve el desarrollo de la inteligencia, es demasiado superficial; y, por estos días, es acusado de mostrar relaciones tóxicas (tranquilidad, entraremos en este punto más tarde).

Esta perspectiva de la literatura romántica no obedece sólo a la historia, de manera paradoja es también espejo de cómo el capitalismo mira el arte.

Sobre superficialidad y libros: ¿cuándo entenderemos que el arte es inútil?

Retrocedamos un poco y analizamos las tres grandes críticas a la novela romántica. Prejuicios y paradigmas que son necesarios entender y desenredar, porque es el género que hoy están leyendo los jóvenes y en un mundo donde se exige el desarrollo del pensamiento crítico, lo que queremos (o deberíamos querer) no es que lean menos o dejen de hacerlo, es que lean más. La novela romántica puede ser un punto de partida fantástico si, como en todo, potenciamos el punto de conexión con las audiencias sobre el que subyace su éxito y derrumbamos los prejuicios. La idea debería ser generar puentes para una nueva generación que reviva los libros. Pongámonos (casi) serios:

Ya lo dije antes: en toda su historia la novela romántica ha sido criticada por ser simplona, por no abordar los grandes dilemas existenciales del ser humano con la profundidad que “merecen” (léase con muchas comillas), por no educar ni enseñar, por no dejar lecciones ni reflexiones. Más allá de si esto es cierto o no, debemos entender que la premisa de la discusión está errada: las novelas no están hechas ni para educar ni para enseñar, son una expresión artística, y el arte es inútil, como lo dijo el gran Oscar Wilde en su prefacio para El Retrato de Dorian Gray.

El arte es hermoso y dolorosamente inútil, pues no está hecho para tener un uso, sino para alimentar el alma. ¿Con buena o mala comida, dirán ustedes? Da lo mismo. Una buena novela te genera, te provoca, te mueve. Una buena novela te hace sentir un nudo en el estómago, algo atorado en la garganta y ganas de gritar cuando sabes que un personaje está haciendo una estupidez. Las novelas, como cualquier obra de creación intelectual y artística, no tienen un fin educativo ni formativo. No podemos pedirle a una historia de ficción que enseñe y consiga lo que la sociedad en su conjunto no está logrando. 

El capitalismo aquí también es el malo, pero no como crees

Es curioso y paradójico que muchos consideran que el capitalismo es el que hace a la novela romántica explotar en éxito. Siempre llena de clichés y fórmulas repetidas que aseguran ser superventas. Eso hace que sea “fácil” escribir romance y alimentar a las masas. 

Nada más lejos de la realidad.

Sí, la novela romántica está llenísima de clichés (¡y nos encantan!), pero la distorsionada visión de que todo lo que rodea al ser humano debe servir para algo nos ha arruinado a tal profundidad que impide que dimensionemos su valor, su complejidad y lo grandioso que es que esté reviviendo a los libros. ¿No es genial que una fórmula que debería agotar porque la hemos visto mil veces vuelva a triunfar?

Estamos programados para abocarnos a lo útil, obsesionados con que todo debe servir para algo, con que aquello que consumimos debe tener un objetivo y ese no puede ser el ocio, el disfrute. Una filosofía que no puede ser más desoladora e irreal. La verdad es que John Locke, John Stuart Mill y David Hume nos lavaron el cerebro y lo pudrieron al proponer que el fundamento de lo moral está en la utilidad. “El utilitarismo” le llamaron. Lo creímos y lo seguimos viviendo gracias a que muchos los siguieron. Adam Smith, por su parte, nos legó el materialismo como forma de valoración. Para el capitalismo las cosas tienen valor por su materialidad y utilidad. Así, hoy estamos gobernados por el sentido de productividad y utilidad y todo lo queremos medir con esas condicionantes.

Seamos libres y felices, por favor, no todo debe ser productivo, algunas cosas simplemente existen para alimentar nuestra alma y recordarnos que somos seres que sentimos, que vivimos. ¿Y pensamos por nosotros mismos, no?  

La toxicidad: bienvenidas y bienvenidos al mundo real

En los últimos años, la gran crítica que se le ha hecho a la novela romántica es su capacidad de normalizar situaciones dañinas. Lo tóxico. Este es un gran debate e incluso ha movilizado a agrupaciones de escritores con campañas educativas en países como España y EEUU. Y sí, es preocupante, y sí, los jóvenes necesitan educación que les permita desarrollar su capacidad de discernir. Pero de nuevo, no les pidamos eso a las novelas. A ninguna. No es su papel educar, ni en valores ni en temas prácticos. A esto se suma que es importante hacer distinciones: novela juvenil romántica no es sinónimo de relaciones tóxicas.

Y la cruel realidad es que la vida puede resultar tóxica. El proceso creativo siempre es reflejo de lo que sentimos y de lo que vemos, de lo que nos rodea y arrastramos. También, por supuesto, de lo que imaginamos, que no es real y es, sencillamente, una buena historia. ¿Está bien mostrar relaciones tóxicas? La pregunta es errada: el arte no puede ser juzgado desde un punto de vista moral, el arte existe, de nuevo, para alimentar el alma, con completos o ensaladas. Tú decides. Lo realmente relevante es que las nuevas generaciones tengan herramientas para identificar estas circunstancias y realizar sus propias interpretaciones. Pensamiento crítico le dicen, pero siempre le hemos llamado “pararnos a pensar un poquito”. 

No podemos pretender que los libros muestren realidades perfectas, nunca lo han hecho. Al contrario, los grandes clásicos del canon literario hablan de temas incómodamente trascendentales y moralmente dudosos: el camino de un asesino, el abandono familiar, el maltrato, el abuso de poder. ¿Por qué la vara para la novela romántica es tan alta y no se le permite incomodar?

“La crítica siempre se ha mostrado muy severa con la novela romántica. Los gurús literarios y el mundo académico han condenado la repetición de fórmulas temáticas y estructurales en el género. Y desde el movimiento feminista, advierten lo dañinos que pueden ser los estereotipos de género que reflejan algunas de estas historias”, señala una columna de The Conversation llamada “Qué buscan los lectores románticos. Cuánta razón en lo del daño que hacen los estereotipos, y cuánta razón en que Wattpadd puede ser una fábrica explosiva de ellos, pero… ¿es la realidad de todos estos libros? ¿Debemos censurarlos? 

Aunque quisieras no podrías y el problema de fondo es que no se debe cargar en un libro el peso de un problema social, cuyas herramientas para abordarlos se tienen que entregar en otros espacios. El rol de un buen libro, de nuevo, no es solucionar los problemas del mundo, pero sí mostrar realidades que incomodan; y permitir debatir sobre estas en la mesa del almuerzo del domingo aporta muchísimo más al desarrollo del pensamiento crítico.

Los lectores buscan sentimientos y emociones. Buscan, sencillamente, una buena historia. Cuando apreciemos las ventajas de aceptar la novela romántica y la nueva vorágine generada por las autoras juveniles podremos, quizás, empezar a construir el puente para una nueva era de amantes del libro. O quizás no, quizás simplemente sigan creciendo y el fenómeno continúe volando por su cuenta, sin que muchos sepan apreciarlo y sin comprender que no todo lo que consumimos tiene que entregarnos habilidades productivas, ni hacernos más profesionales, más formados, más inteligentes, más educados, más cultos. Existe el derecho al ocio y a veces el alma y el cerebro necesitan un break.

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