Los búhos no son lo que parecen: Twin Peaks, teleseries y realismo mágico

Twin Peaks teleseries realismo mágico portada
¿Qué podría tener en común la teleserie Aquelarre con la obra de David Lynch y Mark Frost? La fusión de ficción y realidad, magia, personajes extraños y pueblos pequeños, comparten características que ya se han vuelto universales en la narrativa. En Revista Matadero hacemos un análisis sobre esto.

Si hay algo que se disfruta de algunas de las teleseries chilenas de los noventa e inicio de los 2000 —confieso no haber visto nuevas desde Papi Ricky (2007, Ítalo Galleani), así que no podría decir si siguen siendo así—, son esos elementos mágicos dentro de un universo cercano al normal: una especie de fusión donde la magia y el realismo pueden coexistir sin ningún problema.

¿Quién no recuerda Aquelarre (1999, María Eugenia Rencoret)? Ese lugar donde solo nacían mujeres, ¿Iorana (1998, Vicente Sabatini) y el misterio del Moai sumergido? Ni hablar de Pecadores (2003, María Eugenia Rencoret), cuyo pueblo maldito es incluso visitado por el diablo.

La magia, simple y sin ser parte del tema central como ocurre con los universos fantásticos donde se desarrollan historias como El Señor de los Anillos (1954, J. R. R. Tolkien) o Percy Jackson (2005, Rick Riordan), se vuelve atractiva cuando se relaciona con pueblos pequeños, personajes comunes o situaciones bizarras.

Estos últimos tres elementos no solo se pueden encontrar en nuestras queridas telenovelas sino que en la gran obra de David Lynch y Mark Frost: Twin Peaks (1990). Pueblo pequeño, personajes comunes y situaciones bizarras, por dios que sí.

Los ingredientes necesarios


En el especial sobre Twin Peaks de Revista Matadero ya hemos comentado de qué va la serie, pero, en caso que este sea el primer artículo que lees, acá una pequeña sinopsis: La historia comienza con el agente del FBI, Dale Cooper (Kyle MacLachlan), quien es asignado al enigmático pueblo ficticio de Twin Peaks para investigar el asesinato de Laura Palmer (Sheryl Lee), una estudiante de secundaria muy querida por la comunidad. 

Es un resumen pequeñito y que no basta para conocer los elementos extraños que trae la trama: desde The Log Lady (Catherine E. Coulson) hasta la icónica Red Room.

Sin embargo, antes de pasar a hablar del realismo mágico que subyace en el show norteamericano, hagamos una pregunta: ¿Cumple Twin Peaks con los factores de modernidad narrativa de las teleseries que mencionamos arriba?

El académico del Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, Eduardo Santa Cruz, resume en su libro Las telenovelas puertas adentro: el discurso social de la telenovela chilena (2003) que los especialistas coinciden en que en estas obras coexisten tres elementos claves: “Su raíz occidental, lo cual implica la racionalidad instrumental, el desarrollo tecnológico y el predominio de ciertas instituciones. Por otro lado, una vertiente de expresividad, comunicación e imaginación, una cierta estética, el impulso y la pasión, en una curiosa actualización del viejo paradigma de civilización y barbarie y, por último que dichos fundamentos deberían contextualizarse en la memoria histórica de cada sociedad», (p. 61).

El autor comenta que si se revisan las teleseries chilenas previas a 2003 se logran observar estas tres dimensiones. Algún personaje que es ilustrado o racional como el doctor Ignacio Pastene (Bastián Bodenhöfer) de Aquelarre, que busca una respuesta lógica al pueblo donde solo nacen mujeres. Una presencia, eso sí, que para brillar requiere del factor mágico que se contrapone con lo racional. Personajes, citas o situaciones que se remitan a esa magia «en el marco de aquello que la literatura latinoamericana conoció hace décadas como realismo mágico» (p. 62).

Mientras que el tercer punto, que apunta a la memoria histórica, se relaciona a un ámbito discursivo que haga mención, textual o subtextual, a debates y conflictos sociales contemporáneos para una construcción de realidad.

Así, podemos observar que los elementos narrativos son la racionalidad, la magia y, por último, la memoria histórica referencial a un conflicto o debate contemporáneo. Ingredientes que quienes han visto Twin Peaks pueden atestiguar sí existen dentro de su historia.

La racionalidad, incluyendo ejemplos institucionales como lo es tanto el FBI encarnado por Cooper o la policía local; la magia que al inicio es solo una sombra en la trama, pero que una vez aparece comienza a tomar relevancia en relación al misterio principal y otras cosas que ocurren en el pueblo; y, finalmente, la memoria histórica y debate social que bien se puede leer en los conflictos internos y externos que experimenta la joven Laura, más profundizados en la película Fire Walk With Me (1992, David Lynch).

Realismo mágico: no solo en Latinoamérica


Seguramente mientras estabas en el colegio en la asignatura de Lenguaje y Comunicación —o Castellano o alguna de sus variantes—, te pasaron la materia del Boom Latinoamericano y te hicieron leer algunas de las obras más conocidas como Cien Años de Soledad (1967) de Gabriel García Márquez o Rayuela (1963) de Julio Cortázar.

Los escritores del Boom, influenciados por los movimientos vanguardistas del siglo XX y las crisis políticas, sociales y económicas que se vivían dentro de sus países, desafiaron las convenciones literarias. Uno de los factores en común de aquel fenómeno narrativo, desarrollado entre las décadas de los sesenta y setenta, es el realismo mágico: una mezcla de realidad y ficción que muestra lo extraño como cotidiano. ¿A qué nos referimos con este concepto? A un estilo que combina elementos fantásticos con un entorno realista, lo que genera una mezcla intrigante y desconcertante para el lector.

Nos ponemos en modo Wikipedia para mencionar las características del realismo mágico que aparecen en su página: predominio de un narrador impasible que presenta los hechos como si fueran normales, por más extraordinarios que se traten; elementos mágicos o fantásticos percibidos dentro de la historia como cotidianos; magia que nunca se explica; presencia de lo sensorial como percepción de la realidad; los personajes pueden sufrir metamorfosis como en los cuentos maravillosos; y otras.

Más de alguno de estos puntos se puede observar en las teleseries chilenas que hemos mencionado y, como veremos a continuación, también en Twin Peaks.

¿Quien mejor que aquel narrador impasible que Dale Cooper? A diferencia de los típicos agentes del FBI de shows sobre procedimientos policíacos, Cooper es tranquilo, optimista, con un alto interés hacia filosofías orientales y, por sobre todo, un tipo que no se sorprende por casi nada a diferencia de Harry S. Truman (Michael Ontkean), su compañero de la policía local que incluso funciona muchas veces como un straight man narrativo para Cooper.

Antes citamos a The Log Lady, un querido personaje que, como su nombre lo indica, se trata de una mujer que carga un tronco y que entrega llamativas y acertadas frases relacionadas con los hechos que ocurren en el pueblo. Ahí tenemos un ejemplo del elemento fantástico percibido como cotidiano.

Para qué hablar de la magia que nunca es explicada. Seguramente Twin Peaks es una de las obras con más debates y teorías acerca de cómo funciona su mitología interna y qué significado tiene el final, tanto el de la segunda temporada como el de The Return. Lo mismo con aquello de la metamorfosis que bien está representada en nuestro amado agente Cooper.

Julio Cortazar Twin Peaks Realismo mágico Teleserue Texto

Realismo Mágico en Twin Peaks


Ya conocemos las características y hemos apuntado a algunas en la serie. Ahora, profundicemos. A lo largo de la historia, Lynch y Frost se anotan una victoria al fusionar lo cotidiano con lo extraordinario, lo que crea una narrativa compleja y envolvente que ha obsesionado a millones de fans por más de tres décadas.

En el artículo académico Magical Realism and Film: A Look at Midnight’s Children (2017), su autor Jeff Floss, propone que si bien el realismo mágico es una de los estilos literarios más importantes del siglo XX, rara vez se discute como un género cinematográfico, aunque existen destacadas adaptaciones de novelas. Plantea que una de las teorías acerca de por qué este tipo de narrativa no se ve a menudo como un género importante en el cine es la falta de auterism, ese concepto que engloba a directores cuyas obras reflejan un estilo personal. 

“David Lynch realiza películas que combinan lo extraño y onírico con ajustes por lo demás realistas en filmes como Mulholland Drive (2001). Sus películas notoriamente tienen fondos realistas pero insertan lo extraño en ellos, como encontrar una oreja en los hermosos suburbios en Blue Velvet (1986). Su serie de televisión Twin Peaks mostraba personajes que abandonaban el mundo realista para ingresar a uno extraño y surrealista. Lynch es un director que toma lo real y lo irreal y los fusiona, creando realismo mágico en el proceso”, señala (p. 15).

Y es que en Twin Peaks, la presencia de seres extradimensionales, sueños premonitorios y sucesos inexplicables añaden capas de realismo mágico a la trama que, como lo hicieron los escritores del Boom hace sesenta años, desafía las convenciones narrativas tradicionales al proponer un nuevo tipo de historia y estilo narrativo (puedes leer nuestro ensayo al respecto acá).

El simbolismo y la metáfora son también clave dentro del realismo mágico y en Twin Peaks no son la excepción pues encontramos numerosos símbolos que crean una mitología propia. El búho por ejemplo, que se repite durante el desarrollo de la serie, puede interpretarse como un símbolo de lo sobrenatural y lo oculto. 

Mientras que la magia en sí, muchas veces relacionada con leyendas populares o mitologías endógenas, también existe en el show: la Red Room y los espíritus que habitan en esta junto con The Black y White Lodge, se relacionan dentro de la narrativa con las leyendas de los Nez Percé, una tribu de nativos americanos.

El realismo mágico desafía la noción de una realidad objetiva y presenta una realidad subjetiva en la que la percepción del mundo puede variar. En Twin Peaks, la línea entre lo real y lo imaginario se difumina de forma constante. Los sueños y visiones de los personajes son representados de manera vívida y desorientadora, lo que crea esa sensación de ambigüedad y desconcierto —como suele ocurrir en las obras de Lynch—.

Mediante la combinación de cinematografía, música y diseño de producción, se establece un ambiente oscuro y enigmático. Se trata de un estilo visual que apoya la narrativa: paisajes sombríos, música enigmática y visualidad surreal que contribuyen a la sensación de un mundo en que lo mágico y lo real se entrelazan.

Resulta interesante saber que el Boom y el realismo mágico no solo han sobrevivido más allá de la literatura, abriéndose un espacio importante en la televisión latinoamericana en su categoría más popular, las teleseries, sino que se puede observar si se busca en obras tan icónicas como Twin Peaks, ese pueblo chico y misterioso donde lo normal se vuelve fantástico y lo fantástico, para el espectador, toma un grado de cotidianidad que solo lo hace más adictivo.

Y si quieres iniciarte en este mundo donde los búhos no son lo que parecen, leer nuestra guía para principiantes acá.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete al newsletter de

y forma parte de una comunidad que valora la honestidad, la autenticidad y la pasión por la cultura y las artes