Ghost-production: la “amenaza fantasma” que acecha a la música electrónica

Mientras cada vez son más las personas que disfrutan de los megafestivales de música electrónica alrededor del mundo, varios exponentes contemporáneos recurren a esta deshonesta práctica para escalar o mantenerse en lo más alto de la escena y destruyen de a poco una reputación que, de por sí, ya ha sido históricamente cuestionada.

Por: Cristóbal del Campo

Sin importar si eres fan o no de la música electrónica, no puede faltar la persona en tu círculo que te habla o te ha hablado alguna vez de Tomorrowland. Se trata de un megafestival dedicado al género –y quizás el más connotado a nivel mundial– que se realiza cada año en Bélgica y que cuenta con más de 400 mil personas de todos los países en una sola edición, lo que hace que todos quieran sumarse. 

Y no hablo solo del público, sino también de los DJs.

Mientras cada uno de los asistentes se las arregla para adquirir una entrada, son varios los exponentes que esperan tocar allí a cualquier costo. Pero ¿qué necesita un artista para estar en un festival de esa magnitud? De partida, tiene que ‘pegar’ a nivel mundial con al menos un par de hits para ser considerado, lo que lleva a que recurra a un ‘oscuro’ recurso que, se podría decir, contrasta con el colorido concepto de Tomorrowland.

Se trata del Ghost-production –o producción fantasma–, un servicio que un Dj/Productor contrata para que un tercero, de alto conocimiento en la materia, le haga una canción que a la gente le salga hasta en la sopa. En este caso, por supuesto, se hace a cambio de altas sumas de dinero, pues el productor fantasma firma un pacto de silencio absoluto con su cliente, quien se atribuye todos los derechos del tema.

Sin embargo, la verdad siempre sale a la luz y han sido algunos de los mismos ghost-producers quienes han terminado “delatando” a exponentes que hoy se encuentran en la élite del EDM –o Electronic Dance Music, término con el cual se suele englobar todo tipo de música electrónica bailable, ya sea House, Trance, Hardstyle o Techno, entre otros– o reconociendo su participación en otros tracks. Uno de ellos es Maarten Vorwerk, productor musical neerlandés que admitió trabajar para el popular dúo belga Dimitri Vegas & Like Mike en el tema Wakanda, uno de los ‘himnos’ del Electro House que tanto sonó en la última década.

No se sabe a ciencia cierta si Vorwerk colaboró en más canciones de DV & LM, pero sin duda esto dividió a los fans del género. Por otro lado, el neerlandés produjo hits como Epic de Sandro Silva y Quintino, We Gonna Rock –también de este último– y participó en el álbum Until Now de Swedish House Mafia. Otro caso es el del italiano Benny Benassi, cuyo mundialmente conocido Satisfaction fue producido por su hermano, Alle Benassi, aunque Benny lo terminó reconociendo y explicó que él se dedica al djing, dejándole el “trabajo sucio” a Alle.

No son pocos los Djs famosos que forman parte de esta “lista negra”, y ni siquiera referentes de la talla de Tiësto y David Guetta se salvan, convirtiéndose, incluso, en unas decepciones para muchos fanáticos. El neerlandés tuvo detrás de sus mayores éxitos a su compatriota Dennis Waakop, quien produjo auténticos himnos como “Traffic”, “Adagio For Strings” o “Flight 643”, mientras que Guetta ha contado con varios productores fantasmas, siendo los más recurrentes Giorgio Tuinfort y Joachim Garraud, responsables de gran parte de sus hits. Incluso el también Dj/Productor Afrojack ha actuado como su fantasma, creando el exitazo “Titanium”, junto a la cantante australiana Sia.

Se podría pensar que el ghost-production se justifica en algunos casos como cuando un Dj tiene una agenda tan apretada que apenas cuenta con tiempo para producir. Por ejemplo, Tiësto y Guetta son dos de los tres Dj’s más solicitados y que más dinero generaron en 2022 según el portal español Menzig, con US$36 y US$37 millones anuales, respectivamente, y son solo superados por el escocés Calvin Harris (66 millones).

Estos veteranos y famosos pinchadiscos son dos de los cinco con mayor patrimonio en el mundo –Tijs está segundo con US$170 millones y David cuarto con US$85–, por lo que de ninguna manera tienen problemas de dinero para contratar a un tercero que haga su música. De hecho, pueden darse el lujo de hacerse con los servicios de los mejores productores a nivel mundial, por supuesto, lo que se traduce en sus últimos hits.

Hoy en día existen varios sitios que reclutan a “gasparines” y ofrecen el servicio de producción fantasma, tales como EDMGhostProducer, House of Tracks o EDM Warriors, los que pueden cobrar entre €400 a €1000 por pista, es decir, entre CLP$365 mil a CLP$908 mil, por lo que cualquier persona pudiente puede disparar su carrera por el camino fácil. Ahora bien, en el caso de los exponentes más famosos, si bien no se sabe con exactitud cuánto cobran los mejores ghost producers, se especula que los valores van desde los €10000, o sea, más de CLP$9 millones por el último éxito del verano.

Repercusiones de la producción fantasma

Cabe recalcar que el problema no es el uso, sino el abuso de esta (mala) práctica, pues los Djs que recurren a ella pierden credibilidad frente a su público y le “dan de comer” a los haters. Y si bien a muchos no les importa demasiado, a los más fanáticos sí les significa una decepción, ya que derechamente se les cae un ídolo, tal como lo indican muchos usuarios –principalmente productores emergentes– en el conocido portal de discusiones Reddit, donde este tema es bastante frecuente.

Aunque este debate no es tan conocido en medios, sí han habido polémicas entre colegas. Uno de los más “ácidos” para criticar a quienes contratan este servicio es Deadmau5, conocido por tocar con su particular cabeza de ratón (mau5head) en los escenarios. Así ocurrió en 2017, cuando acusó con duras palabras al dúo The Chainsmokers de pagar para que hicieran su música tras citar en Twitter una nota del diario The New York Times en alusión al premio Grammy (mejor grabación Dance/Electrónica) obtenido en ese año por los estadounidenses con el track Don’t let me down.

Otro Dj/Productor que en su momento disparó a todos lados es el inglés Mat Zo. En 2015 quiso desnudar todo lo que no se habla de la escena electrónica y acusó mediante una serie de tweets –varios de ellos rescatados por el medio digital VICE, puesto que luego fueron borrados– a los pares que considera desleales, además de criticar a exponentes como el ya mencionado Tiësto, e incluso declaró que algunos colegas pagan para liderar la parrilla de los principales festivales mundiales.

De Tijs declaró que “una vez me dijo que los chicos del Trance –colegas del género con el que saltó a la fama en los 2000’s– eran un montón de viejos perdedores. Quizás porque se quedaron pegados con lo que les apasiona y no se fueron a perseguir vaginas”. Esto, debido a que el neerlandés abandonó dicho estilo en 2011 para dedicarse a otros más populares actualmente como el Electro House, Progressive House y Future Rave, entre otros, para así mantenerse vigente e incluso agrandar su condición de estrella.

En aquel momento, Mat Zo aseguró que no le importaba manchar su carrera con sus acusaciones con tal de compartir escenario con artistas más leales, pero luego cambió de parecer, borrando sus polémicos tweets. Eso sí, sigue tirando algunos “palos” en la ahora ex red social del pajarito, aunque en menor medida: “comentaría sobre el ghost-producing como en los viejos tiempos, pero ya no escribo mis propios tweets”, dijo en uno de sus últimos y sarcásticos comentarios.

Entonces, ¿merecen estos exponentes ser llamados artistas o músicos? Lo último sí, porque para un DJ sus instrumentos son sus equipos de audio, como controladoras o mezcladoras, aunque están bastante lejos de ser artistas pues dejan pasar de largo el proceso creativo y pierden credibilidad, sobre todo si dicha práctica es recurrente. Lo peor es que ni siquiera se sabe cuánta influencia tienen en sus pistas. Además, le hacen un daño a la escena y a la música electrónica que históricamente ha sido cuestionada por fanáticos de otros géneros por hacerse a través de un computador.

El problema no es el servicio de producción fantasma ni de los productores incógnitos ya que ha estado presente desde décadas, el problema es el boom que ha significado el recurso en los últimos años –sobre todo por la masificación de Internet– y donde, una vez más, son los más adinerados quienes pasan por caja y se transforman en “auténticos” referentes, estancando el desarrollo de colegas que sí crean su música, pero que no cuentan con la misma oportunidad de hacerse un nombre.

Hoy parece más rentable invertir en marketing que en conocimiento para dedicarse a la música y tal como sucede con las redes sociales –que hasta van de la mano–. Es más importante vender una buena imagen que nada, por lo que el simple hecho de crear ya pasa a ser algo “romántico”. En algún momento podría llegar un punto en que nadie va a saber de quién es cada canción, desmoronando su valor artístico y haciendo trizas todo lo que al mundo del ‘punchi punchi’ le ha costado construir, musicalmente hablando.

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