Por: Alex Miranda Henríquez
“Imposible de perdeeeeeeeeeer”.
Una de las bromas clásicas que se dio entre los asistentes a la trigésimo tercera edición del Festival Internacional de Cine de Valdivia fue precisamente entonar la canción que acompaña al spot oficial del festival de este año. Y es que la frase no solo probó ser una navaja suiza lingüística con la que se podían acentuar muchas bromas, sino que también terminó siendo una verdad (no tenía sentido perder la oportunidad de ver las películas de este año) como también un sarcasmo (a veces las largas colas hacían imposible no perderse las películas que uno quería ver).
Lo último es especialmente relevante, sobre todo si pensamos que el FICValdivia de este año dio un salto gigante en cuestión de asistencia. Por lo mismo, antes de repasar las películas que vimos, es necesario remarcar de forma rápida lo bueno y lo malo que tuvieron esos siete días de festival.
LO BUENO
Valdivia como ciudad tiene grandes beneficios para este tipo de eventos. El primero y más importante es que todo queda cerca: una vez conoces las sedes (las más importantes: Sala Paraninfo, Sala Hugo Campos, Sala Félix Martínez, Cine Club UACH, Aula Magna UACH y Teatro Cervantes, sin contar los espacios donde se hacían muestras o conversatorios), puedes navegar la ciudad de forma expedita y simple, incluyendo los taxis fluviales que te llevan por agua y que eran gratis presentando la acreditación. Eso va de la mano con un comercio asociado al festival que hace del ítem turístico algo que funciona de maravilla. De hecho, la cantidad de dinero generada por el FICValdivia fue uno de los caballitos de batalla de los discursos dados en la ceremonia de inauguración de este año, que se centraron en los ya infames recortes presupuestarios para cultura anunciados por el actual gobierno.
Por otro lado, hay que destacar el sentimiento de compañerismo que se vive en las calles de Valdivia durante la semana que dura el certamen. De a poco te vas encontrando con las mismas personas y tarde o temprano comienzas a compartir con esa gente, haciendo de la experiencia comunitaria una de las razones —si no la razón— más importantes para destacar lo bueno que tiene el festival.
Para terminar, hay que hablar sobre los programadores. A pesar de no ser lo más llamativo del certamen, este año algunos lograron brillar con luz propia, en especial los que presentaban las mismas películas que programaron. Si bien hay que decir que mientras más grande la película más se enredaban en la presentación (aún recordamos esa accidentada introducción de la cinta de Hong Sang-soo), también hay que destacar a los que sí funcionaron bien. No por nada terminamos entrevistando a Hernán Panessi (programador de VHS Erótico y VHS Animé) y a Nicolas J. Vogt (programador de Con Ánimo de Humor).
LO MALO
¿Es necesario repetir lo de las colas? Uno de los comentarios que más se reproduce y se recalca son las largas filas que se arman para los estrenos nacionales. A medida que avanzan los días y más gente llega a la ciudad, las colas se van haciendo más grandes. Este año todo comenzó con la fila del miércoles para Cocaína Negra de Cristóbal Valenzuela Berríos (puedes leer aquí la entrevista que le hicimos al director en 2023). Después de ese día, cada cinta chilena a estrenarse era más complicada de entrar, a tal nivel que Revista Matadero desistió de ver muchos de estos estrenos, en pos de propuestas cinematográficas más marginales.
En esa misma línea, hay que hablar del público desconsiderado. No solo se hicieron tan latentes las personas saltándose las filas que los organizadores tuvieron que empezar a llamar la atención al comienzo de las funciones, sino que también hubo mucha gente que parecía no querer estar ahí, desde personas roncando con fuerza hasta gente grabando la pantalla o simplemente viendo instagram con el brillo al máximo. Y hablando de pantallas ¿qué onda con la cantidad de celulares que caían al piso durante las proyecciones? Una cosa es querer ver la hora, pero otra es que botes tu celular al suelo tres veces en una misma función.
Lo último que queremos mencionar es el uso de IA generativa en la creación de una parte del ya mencionado spot. Cerca del segundo 00:10 se puede apreciar el video generado con inteligencia artificial, pero la nobleza obliga a decir que, al menos, cuando ponían ese spot antes de las funciones tuvieron la decencia de cambiar esos segundos por un montaje de afiches de las películas a exhibirse en el festival. Algo es algo, suponemos, pero por favor FICValdivia, que esta sea la última vez que nos intentas pasar gato por liebre con la IA.
***
Habiendo sacado ya esas primeras palabras de nuestro pecho, Revista Matadero procede a hablar de algunas de las cintas que pudimos ver en el festival. Si hay alguna que no esté en la lista y que creas importante, lo más probable es que no la hayamos alcanzado a ver por motivos de producción. Decidimos dividir las películas en distintas secciones para hacer la lectura un poco más amena. Comencemos:
¿Quién le regaló el mundo a los fascistas?

- Para hacer una película solo hace falta un arma (2026) de Santiago Sein
- Le journal d’une femme de chambre (2026) de Radu Jude
- A veces me entra tristeza, otras veces rebelión (2026) de María Aparicio
Uno de los tópicos que más rápido se reveló ante nosotros fue el que trataba de contestar la pregunta más importante que cualquier persona de izquierda se ha hecho en este tiempo: ¿Quién le regaló el mundo a los fascistas? Es impresionante que pareciera que Santiago Sein con Para hacer una película solo hace falta un arma, Radu Jude con The Diary of a Chambermaid y María Aparicio con A veces me entra tristeza, otras veces rebelión se preguntaron lo mismo pero desde veredas distintas. La primera cinta mira el pasado, la segunda el presente y la tercera el futuro, lo que las hace perfectas para un programa triple.
Para hacer una película solo hace falta un arma es un documental cordobés de 146 minutos de duración que cuenta la historia sobre el descubrimiento en 2019 de unas cintas que se creían desaparecidas por la última dictadura militar argentina, y cómo al reconstruir estas imágenes se reviven las historias que se creían perdidas, se vuelve a ver a las personas que fueron desaparecidas y se vuelve a prender la llama del movimiento político y social tan perdido en el siglo XXI. Parafraseando la cinta: si todo esto existió en algún momento, quiere decir que puede volver a existir. El cine puede ser un arma poderosa, y queda claro que no se puede dejar en manos del fascismo, al menos que queramos que tragedias como esta sucedan de nuevo.
Por otro lado está el rumano Radu Jude con su Le journal d’une femme de chambre (o The Diary of a Chambermaid), una película de 94 minutos que cuenta la historia de Gianina (Ana Dumitrașcu), una empleada rumana puertas adentro que trabaja para una adinerada familia progresista de París; si bien parece ser el trabajo perfecto, poco a poco se van develando las diferencias de trato entre los pensamientos progresistas de la familia y la verdadera forma de congeniar con su empleada inmigrante, algo que hace eco con imagenes de una obra de teatro que Gianina esta armando con un grupo de teatro formado por otros inmigrantes, todo mientras espera la época navideña para volver a Rumania a ver a su hija. Lo que en un momento parece una comedia tensa, termina convirtiéndose en uno de los golpes emocionales más fuertes que nos dio este FICValdivia 2026, todo gracias al progresismo demasiado preocupado de sus privilegios antes que intentar hacer un cambio real por la gente que lo necesita más.
La última cinta de esta selección que nos inventamos es A veces me entra tristeza, otras veces rebelión de María Aparicio, otra película cordobesa pero esta vez en clave ficción. La trama muestra a Eva (Eva Bianco) y Dante (Roger Koza), dos argentinos que se conocen en sus pasos por Madrid, donde la investigación de Dante sobre las luchas obreras de su país lleva a estos recién conocidos a hablar sobre la necesidad de seguir estudiando la historia o comenzar a crearla en este momento. El título de la película viene de la canción Milonga de un peón de Atahualpa Yupanqui, lo que puede dar una idea de cuál es la respuesta que quiere dar Aparicio con su obra, aunque si quieren otra pista podemos decir que en un momento hay una grabación de celular de la tumba del querido Carl Marx.
En definitiva, el pasado fue truncado por el fascismo, el presente está estancado por la izquierda aburguesada y el futuro no será nada si no decidimos dejar de mirar las revoluciones pasadas y comenzamos a hacer la futura.
VHS en pantalla grande

- Rurouni Kenshin: El Viaje de los Ishin Shishi (1997) de Hatsuki Tsuji
- White Palace (1990) de Luis Mandoki
¿Cómo algo tan antiguo puede generar un efecto tan impresionante al verlo en pantalla grande en una experiencia comunitaria? El ejercicio de ver un VHS en la actualidad es tan anacrónico que la sola mención de que el formato tenga su espacio en el Festival de Cine de Valdivia hace que muchos terminen asistiendo por curiosidad o incluso para ver por primera vez una película en estos cassettes gigantes. Hernán Panessi, el programador argentino encargado de las secciones VHS Animé y VHS Erótico conversó con Revista Matadero, en una entrevista en tres partes (que puedes encontrar aquí, aquí y aquí), sobre su selección de géneros de nicho y películas que fueron clásicos de videoclub.
En esta oportunidad asistimos a una función doble, que comenzó con Rurouni Kenshin: El Viaje de los Ishin Shishi (también conocida coloquialmente como Samurai X: The Motion Picture), una aventura que funciona como un capítulo largo del clásico animé basado por el trabajo del mangaka (y pedófilo judicialmente culpable) Nobuhiro Watsuki. Si bien la película no es la mejor de la franquicia, la experiencia de verla en un VHS que claramente fue regrabado al menos cinco veces (Nota del editor: cada vez que se regrababa un VHS la imágen perdía un poco más de calidad) y con subtítulos creados por fans, hace imposible no recordar tiempos más simples, donde el animé era ajeno al mainstream y los fans hacían esfuerzos sobrehumanos por sus series favoritas. A veces en la exhibición no se podían leer los subtítulos y otras veces no se distinguía lo que pasaba en pantalla, sin embargo debe ser una de las funciones más lindas que tuvo el FICValdivia de este año.
Después del viaje al pasado que fue Samurai X, era la hora de que los adultos tuvieran su película, que llegó en forma de White Palace, un clásico de videoclub que presentaba a Susan Sarandon y James Spader en el peak de sus poderes sexuales (algo de lo que ellos saben mucho). Esto, sumado a la promesa de una película erótica donde, en palabras de Panessi,“hay una de las mejores escenas de sexo oral en la historia del cine”, hacía que la función tuviera mucha expectación. Pero la realidad fue distinta: si bien es verdad que es un drama erótico, el poder de la película radica más que nada en la historia profundamente humana y de lucha de clases que presenta ¿El mejor sexo oral? Sí, pero también una de las mejores mandadas de chucha y una de las mejores declaraciones de amor que hemos visto en el cine.
Cine mudo musicalizado en vivo

- Rien Que Les Heures (1926) de Alberto Cavalcanti
- ’49 – ’17 (1917) de Ruth Ann Baldwin
El título de esta sección es lo suficientemente explicativo como para que se entienda sin mucha vuelta. La promesa de música en vivo en el Teatro Cervantes era demasiado llamativa; por lo mismo, era una sección imposible de perder dentro de la parrilla del festival.
La primera que vimos fue Rien Que Les Heures (o Nothing But Time, en inglés), una película de 47 minutos de duración dirigida por Alberto Cavalcanti y que muestra un día entero en la vida de la ciudad de París, donde hay desde enamoramientos hasta asesinatos. Sin lugar a duda una historia simple bien aplicada, que con su idea de tiempo como un círculo que se repite deja entrever la libertad que significó el poder de la edición de imágenes en los albores del cine. Y como si esto no fuera poco, la música de guitarra eléctrica de Natán Ide fue el complemento perfecto: a veces minimalista, a veces ruidosa, como los ruidos de una ciudad viva que palpita con sonido metálico bajo nuestros pies mientras la habitamos.
La siguiente cinta, ‘49-’17 de Ruth Ann Baldwin, lamentablemente no pudo vivir al hype que generaba la idea de María y Los Templos musicalizando el primer western filmado por una mujer (que después de estrenar la película desapareció de la faz de la tierra). Parecía un cruce soñado, pero lamentablemente la historia de la cinta es un western genérico que busca hablar de los viejos tiempos (también llamados lejano oeste), pero que nunca termina de despegar ni se aleja de los clichés del género, probablemente porque en ese tiempo aún no eran clichés. Por suerte la música de teclado, bases y guitarras de la banda le daba emoción a muchos momentos en que las imágenes no lo lograban. Aunque en ese mismo punto, también hay que decir que en la sección romántica de la trama, se tomó la decisión de abandonar la música instrumental y tocar una canción con letra, lo que probablemente no fue lo mejor. En cualquier caso, si vamos a ver una película así, que bueno que sea en este contexto.
¡TOTALMENTE SALVAJE!

- Kamikaze 1989 (1982) de Wolf Gremm
- El Planeta de los Vampiros (1965) de Mario Bava
Probablemente la selección más alocada de todo el festival, y lo consiguió con sólo dos películas en su muestra. Totalmente salvaje presentó cintas consideradas de culto —por ser una mezcla entre bajo presupuesto, imaginación desbordada y un intento de épica que no teme soñar en grande— y las presenta en proyecciones en 16 milímetros, lo que hace de cada sesión una experiencia novedosa en lo anacrónica que era.
La primera película que vimos en esta sección fue Kamikaze 1989, una cinta de Wolf Gremm, musicalizada por Tangerine Dream (conocidos por la música que hicieron para Sorcerer de William Friedkin y Near Dark de Kathryn Bigelow), protagonizada por el reconocido actor Rainer Werner Fassbinder, en el que sería su último papel antes de su fallecimiento. La historia es un intento de ciberpunk alemán-occidental, donde Fassbinder actúa como un policía vestido con un traje de dos piezas con estilo animal print y que tiene que buscar la solución a un ataque terrorista misterioso a las oficinas de una compañía. Como si Alphaville de Godard y The Long Goodbye de Altman tuvieran un hijo pero no hubiera nacido con la misma inteligencia que sus padres. Entretenida, disparatada, pero por sobre todo, violentamente inentendible.
Por otro lado estaba El Planeta de los Vampiros, del legendario director italiano Mario Bava. Para comenzar hay que hablar del elefante en la película: no hay vampiros en esta historia (publicidad engañosa). Lo que sí hay es una raza extraterrestre que, en un intento por escapar de su condenado planeta, comienza a usurpar uno por uno los cuerpos de los exploradores humanos que llegan a sus tierras. Es impresionante lo mucho que Alien bebe de este clásico, que a pesar de jugar con la fantasía y la ciencia ficción, logra presentar una obra que solo cuenta con efectos prácticos en pantalla. Para terminar, hay que hacer un momento en el texto para hablar de dos puntos fuertes: el primero es el increíble giro de trama muy La Dimensión Desconocida que tiene la cinta, y lo otro es el excelente doblaje méxicano que tenía la versión de 16 milímetros que vimos.
Gringas al borde de un ataque de nervios

- She Keeps Me Young (2026) de Doron Max Hagay
- Maddie’s Secret (2025) de John Early
La programación de Con Ánimo de Humor, la sección de Nicolás J. Vogt, ya lleva dos años intentando poner las nuevas comedias en el foco del festival. Tal como lo hace Nocturama con las cintas de terror, esta selección busca darle la relevancia que se merece a un género cinematográfico que se ha visto mancillado por el streaming y las cintas simplistas que buscan dinero rápido. Ahora, si quieres saber más del programador y de su selección, puedes ver la entrevista en dos partes que le hicimos a Nicolás (acá y acá).
La primera película que vimos fue She Keeps Me Young, una comedia de humor seco (deadpan, para los siúticos), dirigida por Doron Max Hagay en su debut en el cargo, además de escribir el guión junto a sus actrices principales: Blair Beeken y Katy Fullan. La historia muestra la aparente buena amistad entre dos amigas, que al verse cruzada por una joven desconocida, muestra sus verdaderos colores. Codependencia, risas nerviosas y probablemente uno de los finales más terroríficos que ha tenido una cinta que se cataloga como comedia. Una obra que no solo te mantiene joven, sino que también al filo del asiento. Como un buen pipazo: te deja entre la pálida y el cagarse de risa.
Por otro lado encontramos Maddie’s Secret, una película que John Early escribe, produce, dirige y también protagoniza haciendo un drag descarado. Esto podría hacer pensar que la trama va para un lado cercano a ¿Y dónde están las rubias?, pero termina dando vuelta esos prejuicios iniciales. Lo que al comienzo parece una historia que se viene a burlar de los influencers —en este caso, los del mundo de la comida—, termina entrando de lleno en el drama al tocar temas como el abuso parental, los trastornos alimenticios y las formas de llegar a ser famoso en el mundo actual; pero todo esto lo muestra sin dejar de generar comedia en el proceso, haciendo que el equilibrio entre ambos géneros nunca desentone. Sin dudas, una de nuestras favoritas del festival.
Minimalismo en cámara

- Lo demás es ruido (2026) de Nicolás Pereda
- Nowhere to Lay My Eyes (2026) de Hong Sang-soo
No deja de ser llamativo que en un festival tan grande podamos encontrar dos voces autorales muy alejadas geográficamente —México y Corea del Sur— pero que en elementos narrativos se parezcan tanto. ¿A qué nos referimos con minimalismo narrativo? Pocos personajes, pocas locaciones y temas profundos tocados de formas mundanas pero no por eso menos serias.
Lo demás es ruido, de Nicolás Pereda, es un excelente ejemplo de esto. Una compositora de música clásica le pide su casa a una amiga, también compositora, para que le hagan una entrevista grabada. Lo que comienza como simples conversaciones sobre qué decir y qué no en cámara, de a poco se va tornando en un caos que no solo es sonoro, como adelanta el título, sino que también habla sobre la imposibilidad de escuchar los puntos de vista de la otra persona. El final, tan abrupto como entendible, termina dejando en claro que hay una identidad de género que está más dispuesta a escuchar a los de su lado que a las del otro. Para ellos, lo demás es ruido.
En el otro extremo de esta selección podemos encontrar Nowhere To Lay My Eyes, de Hong Sang-soo (uno de los directores favoritos del festival junto con Radu Jude y el recién mencionado Nicolás Pereda, de hecho hay hasta un meme al respecto). Como ya es clásico del director asiático, la película está filmada con poca ambición técnica pero mucho corazón. La historia sigue a dos hermanos que viajan a un pueblo remoto para visitar a su madre y a su pareja. Si bien al comienzo podría ser un capítulo más del tríptico de Jarmusch Padre Madre Hermana Hermano, pronto comienza a asomar sus garras con conversaciones aparentemente relajadas que muestran la superficie de una familia algo disfuncional, en especial en lo que respecta a la hija, una chica que dejó de lado oportunidades laborales por preferir hacer pequeñas e íntimas cintas de las que su familia no sabe nada. Cualquier parecido con el cineasta es pura coincidencia.
No nos gustaron mucho

- I Heard That They Are Not Going To See Each Other Anymore (2026) de Ka Ki Wong
- Let Them Be Seen (2026) de Nolitha Mkulisi
- The Invisible Half (2025) de Masaki Nishiyama
¿Qué se puede decir? No todo podía ser color de rosas. Si bien estas películas no son malas, y de hecho algunas como The Invisible Half tienen ideas genuinamente interesantes, por algún motivo cada una de estas cintas perdía el vuelo en algún momento.
I Heard That They Are Not Going To See Each Other Anymore está dirigida por la debutante taiwanesa Ka Ki Wong, quien se aproximó al cine contemplativo de Wong Kar-wai pero desde la mirada juvenil de un enamoramiento temprano. Si bien tiene muchas buenas ideas, como la de preguntar si hay alguna forma de amar a alguien sin eventualmente lastimarlo, muchas veces la quietud que se acentúa termina cansando al espectador. La directora de la película fue una de las caras reconocibles del festival, no solo presentó su obra sino que también fue a varias exhibiciones, y siempre fue muy buena onda, lo que hace aún más terrible que su película no nos termine de gustar. Eso sí, en tiempos de Tumblr esta película habría generado grandes números online.
Let Them Be Seen es, probablemente, una de las obras más experimentales que pudimos ver en el certamen. Dirigida por la sudafricana Nolitha Mkulisi, muestra una serie de viñetas de su ciudad, Tapoleng. Cada una de esas viñetas tiene un estilo único de filmación que dialoga con la obra en videos musicales de su directora. En la presentación de la función se hizo hincapié en que esta era una selección que buscaba tener más películas de África y que tuvieran una narrativa menos colonialista, pero si estas son las narrativas menos colonialistas quizás el colonialismo no fue taaaaaaan malo.
Para terminar queremos hablar de The Invisible Half, cinta japonesa dirigida y escrita por Masaki Nishiyama, que cuenta la historia de una escolar mitad japonesa y mitad inglesa —una gaijin, como repiten varias veces en la cinta— y que comienza a ser rondada por un monstruo que solo es visible cuando tiene su teléfono inteligente cerca y solo puede ser escuchado por sus audífonos. Se sabe que uno de los mayores miedos de Japón son los extranjeros (algunos llaman a esto racismo), pero combinar esto con la necesidad de la juventud por su teléfono celular es una idea que tenía mucho futuro, pero que lamentablemente termina traicionando la misma mitología que se esfuerza en crear, con un clímax que no se termina de entender y que deja más preguntas de las que resuelve, en el mal sentido.



