Godzilla Minus One: ¿Quién necesita sutilezas?

Godzilla Minus One Portada
Godzilla Minus One es la nueva película 100% japonesa sobre el mundialmente famoso monstruo gigante y que esta vez —de forma tan desconcertante como acertada— termina centrando su historia en los humanos dejando al kaiju titular como una metáfora de la culpa, la bomba atómica, Estados Unidos y el sentimiento colectivo de derrota del Japón posguerra.

No es como que la sociedad trate de esconder el fanatismo por Godzilla —el monstruo gigante favorito de los niños y no niños— pero no creo que muchos estuvieran esperando que la nueva película japonesa del kaijú más famoso fuera una de las mejores producciones cinematográficas del 2023. La crítica internacional —que ya había tenido tiempo para digerirla— estaba llenando de halagos a Godzilla Minus One (Takashi Yamazaki, 2023). Para nuestra suerte, la cinta llegó a Latinoamérica y si mal no recuerdo, es la primera producción japonesa de Godzilla que tiene un estreno en cines de la región, por lo que había que aprovechar la oportunidad.

Si la anterior entrega de la saga, Shin Godzilla (Hideaki Anno y Shinji Higuchi, 2016), había dejado claro algo, es que a los japoneses les gustan sus monstruos gigantes bien de la mano con una metáfora. En el caso de la anterior producción, Godzilla servía para evidenciar la falta liderazgo y exceso de burocracia del Japón en relación a desastres naturales (algo con lo que aquí en Chile nos podemos identificar mucho. Un saludo para la Onemi); pero en Minus One se presenta al kaijú como una representación física del terror nuclear y del poderío de Estados Unidos, pero más importante que todo: una metáfora de la guerra que termina ayudando a Japón a lidiar no solo con la derrota y la culpa después de sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial, sino que también a cambiar nacionalmente el autodesprecio por un poco de amor propio. 

La historia se centra en Kōichi, un joven piloto kamikaze que desertó de su misión en el conflicto bélico, lo que lo hace vivir la posguerra no solo con sus padres muertos por los bombardeos sobre Tokio sino que también con el síndrome de culpa del soldado sobreviviente. En el camino encontrará una familia y amigos con los que terminará enfrentando una nueva amenaza tan o más destructiva que un bombardeo: Godzilla. El resto de la cinta es una suerte de guiño constante a la primera película de la saga —lanzada en 1954 y dirigida por Ishirô Honda— con la que no solo comparten una historia similar, sino que también homenajea con diferentes secuencias o escenas, como ese gran momento con el tren o los periodistas sobre el edificio.

Como podrán notar por la historia, en esta entrega se alejan de la idea del Godzilla “anti-héroe que mantiene el balance del mundo” que presentan los nuevos proyectos estadounidenses de la franquicia, ya que aquí muestran al gigante derechamente como un enemigo demasiado poderoso y que necesitará de una comunidad para destruirlo.

Por lo mismo, la trama puede que se sienta más nacionalista de lo necesario, algo que podría molestar a algunos ultrones, pero, según este crítico, se logra balancear de buena forma. Aunque hay que ser sinceros, eso también tiene que ver con la novedad de ver nacionalismo que no sea gringo como protagonista. La película no esconde estos subtextos, poniéndolos frente a ti en un emotivo monólogo que habla de la forma en que Japón trató a sus ciudadanos durante la guerra en contraste con un esfuerzo civil en conjunto.

Sin embargo, lo que más eleva a Minus One es su historia humana, la que se toma el tiempo de desarrollar para conseguir un efecto de cariño por los personajes que no es comúnmente visto en la franquicia. Mientras Godzilla: King of the Monsters (Michael Dougherty, 2019) y Godzilla vs Kong (Adam Wingard, 2021) presentaron humanos poco definidos y serviles a la trama, Shin Godzilla optaba por mostrar a la raza humana como una masa de ineptos. Minus One cambia el foco y presenta a un Godzilla dentro de las historias de los humanos y no al revés. 

Esa decisión termina entregando una película que muchas veces se asemeja a un animé por sus tonos y forma de presentar los hechos, algo que sin duda no será del agrado de todos. Aunque hay que reconocer que no es normal que en una película de Godzilla uno esté de parte de los humanos, algo que demuestra— fuera de toda duda o disgusto menor—que estamos frente a una de las mejores películas no solo del kaijú, sino que del año.

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