Roger Waters: Vivimos…(en una sociedad boomer)

Roger Waters This is not a Drill Chile 2023
El show de Roger Waters fue un oasis antifascista en un mundo cada vez más de derecha. Pero su posicionamiento boomer también hace más difícil resistir el fascismo, en especial cuando me pide que lo haga mientras me golpea con sus mayores atrocidades en la cara de forma constante ¿Por qué a la izquierda le cuesta tanto evolucionar?

Como la gran mayoría de las menores de cuarenta que se juntaron a ver los shows de Roger Waters en el Estadio Monumental este 25 y 26 de noviembre, la música de Pink Floyd llegó a mis orejas como una suerte de tesoro familiar heredado por mi viejo, quien desde siempre me enseñó sobre la banda y sus discos (un saludo pa’ él y su amor irrestricto por Syd Barret y el Atom Heart Mother). 

Ahora, con años de diferencia y ya siendo adulto, la nostalgia llama a la puerta para una nueva visita del bajista en la forma del tour This is not a Drill que lo trajo a nuestro país —un nombre que se podría traducir en algo así como esto no es un simulacro— y que contó con una mezcla de canciones clásicas de su banda madre junto con algunas de las que el artista ha lanzado en solitario, todo recontextualizado para dar un mensaje anti-guerra y pro-derechos humanos más fuerte y directo que cualquier cosa que Waters haya podido hacer formando parte de Pink Floyd.

Y es que desde el principio se nota que Roger tiene claro cuál es su camino como solista: ser contestatario y rebelde en esencia. La música ayuda pero no es el foco, y cualquier persona que haya entrado al Monumental esperando un espectáculo que se centrara más en Floyd fue rápidamente parado en seco por el inglés, quien al comienzo del show lanzó por las pantallas la invitación a que se vayan a la mierda todos quienes dicen ser fans de Pink Floyd pero que no aprueban las políticas de Waters. 

Roger Waters This is not a Drill Chile 2023
Foto: Bastián Cifuentes/Agencia UNO

Este es el momento de la reseña en la que debería hablar de las canciones que tocó y las que faltaron, lo envolvente del sonido y lo increíblemente bien usadas que estaban las cuatro pantallas gigantes del músico, pero creo que para eso están el resto de reseñas del artista. Yo aquí quiero hacer un parón y hablar de cómo, por más que cada canción tiene su propio mundo en el escenario y forma de presentarse, sentí que este debió ser el show más boomer en el que he estado en mi vida. Déjenme explicar.

Cómo ya dije, el espectáculo de This is not a Drill se centra en la crítica social. Cada cosa que Waters dice en el concierto es cierta (llamar genocidas a los presidentes de E.E.U.U.; criticar a los pacos, la militarización y las armas nucleares, entre otras). Esto hace entender de inmediato por qué el cantante es tan odiado por la derecha mundial en general, ya que lo que la maquinaria propagandística fascista logra a través de medios de comunicación o fake news en las redes, el inglés lo enfrenta con la misma caradura en un espectáculo itinerante que lleva por el mundo, donde pide derechos para la gente independiente de su raza, su etnia, su edad o si son trans o no. Si alguien entró a ese estadio siendo de derecha, debe haberse sentido en el infierno viendo el show, lo que me parece algo excepcionalmente gracioso.

Hay apología por los derechos humanos, por detener la guerra, por parar el genocidio en Gaza, entre otros muchos topicos. Todas cosas en las que este periodista está de acuerdo, pero en cierto punto la porno miseria de niños sufriendo en las pantallas te golpea demasiado fuerte. Algo parecido a los que pasa con Morrissey cuando toca Meat is Murder mientras te obliga a ver imágenes de animales muriendo en cámara. Hermanito, yo también odio a los pacos y también encuentro una injusticia la muerte de Victor Jara pero cuando ya me mostraste las muy reales muertes de al menos 6 personas antes de hablarme del cantante chileno, me enojo, sí, pero también me bajoneo y me hace pensar en lo difícil que es resistir el fascismo, por más que al final de la canción me pidas que lo siga haciendo.

Por otro lado, hay momentos como en Run Like Hell, donde el objetivo a criticar son las redes sociales, algo en lo que todos podemos estar de acuerdo, pero que no ofrece más que imágenes de corporativismo desalmado con símbolos de likes, a los que se le suma la “muy profunda” crítica de que los usuarios son ovejas. Al final, hay momentos del show donde uno siente que está viendo el muro de Facebook de tu tío comunista que repostea todos los videos de las atrocidades del fascismo, pero que te deja bajoneado y pensando “¿Cómo vencemos a esta maquinaria?”.

Roger Waters This is not a Drill Chile 2023
Foto: Bastián Cifuentes/Agencia UNO

¿Tiene sentido bombardear con imágenes mediáticas y críticas a las redes sociales a un público que en su mayoría debe ya estar de acuerdo con esas críticas? ¿Roger Waters quiere convencer a alguien del público o simplemente quiere reafirmar sus puntos de vista? ¿Uno va al concierto de Waters a validar sus posturas políticas o a escuchar música? No tengo idea y no creo que nunca tengamos la respuesta, pero tal como no podría culpar a nadie de sentirse bien con estos mensajes, tampoco podría culpar a alguien que se sintiera cansado de los mismos.

También hay un segmento de la primera parte del concierto donde se dedica a mirar su tiempo en Pink Floyd tocando tres favoritas del público: Have a Cigar, Wish You Were Here y Shine on You Crazy Diamond (Part VI – VII – V). En estos momentos Roger ocupa las pantallas para contar de forma escrita la historia de como él y Syd Barrett, vocalista original de la banda tristemente célebre por su locura posterior, se prometieron formar una agrupación en una noche en que vieron a los Rolling Stones. Una historia bonita que después de terminada sigue expandiéndose mientras las canciones clásicas pasan, y es imposible no sentir que, por más que estoy de acuerdo con todo esto (y hasta me gusta leer estas historias de un viejo que vivió la vida del rockstar) la forma en la que Waters presenta estas escenas está pasada de moda. 

Es como leer los típicos textos que saca Culto de la Tercera del tipo “La noche en que Waters y Barrett decidieron hacer Pink Floyd” o “La última vez que Waters vio a Barrett en Los Angeles”, escritos que se podrían asemejar a comida rápida, hechos de copiar fragmentos de libros escritos por otras personas y pensados para conseguir el click veloz. Y es una lata porque yo espero de Waters que me dé más que un clickbait rápido, más que una consigna antifascista que aplaudir y luego olvidar. No, hermano. Por favor, don Waters hablemos, ayúdeme a entender cómo resistimos al fascismo juntos, por favor, que cada día me cuesta más hacerlo.

Además de todo esto, también está el recuerdo de Pink Floyd que tiene Waters en su cabeza y que quiere que todos tengamos: un mundo donde Gilmour no existe. Cuando hablamos de la legendaria banda solo se muestran imágenes de los primeros Floyd, esos que eran compuestos por el ya mencionado Barrett, Nick Mason, Richard Wright y el mismo Waters. No importa que la canción que esté sonando no sea de ese tiempo, lo importante es que no aparezca Gilmour. Y lo peor es que si la idea era recordar esos primeros momentos, ¿por qué no tocar algo del primer disco? Su Lucifer Sam o algo así (recordemos que cuando vino Gilmour hace años sí tocó Astronomy Domine a pesar de qué el ni siquiera estaba en la banda cuando lanzaron ese tema).En fin, todos merecen derechos humanos menos David Gilmour (?).

Si bien esto hace parecer que el show de Waters no fue de mi gusto, es necesario precisar que eso no fue así. Fue un excelente concierto, uno de los mejores del año probablemente, con un sonido envolvente sorprendente —casi me da la pálida gracias a este punto (lo digo como cumplido)— y un uso del escenario que ya quisieran bandas de la edad de Waters. 

Las canciones elegidas tuvieron algunas sorpresas increíbles: tocó Two Suns on the Sunset del Final Cut (!) y yo sé que en algún lugar del estadio estaba Pablo ‘Alga’ Rojas más feliz que la cresta porque tocara Deja Vu (un saludo, Alguita), pero creo que era importante dejar algunos pensamientos sobre cómo el culto a la personalidad a veces se cuela por las críticas al mismo o lo anticuadas de algunas formas de entregar mensajes, por correctos que sean. 

Es necesario que exista un artista tan grande como Roger Waters peleando de tú a tú contra la maquinaria extremadamente poderosa del fascismo, pero tampoco hay que dejar de pensar en que uno solo es tan progresista como lo permitan los tiempos que corren, y el show de Roger Waters deja claro que el hombre, de ya ochenta años, está viejo y las formas que tiene de presentar sus ideas también están quedando viejas. Al final no salí con ganas de escuchar a Floyd o a Waters solista (quizás sí de escuchar a Barrett solista); en cambio, cuando me iba en la micro absolutamente llena de gente por Pedro de Valdivia, como hombre progresista que creo ser, solo me hacía una pregunta: ¿por qué a la izquierda le cuesta tanto evolucionar?

Portada: Radio Maray

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