Una pequeña búsqueda en google arroja un resultado, al menos, interesante: casi todas las críticas de Barbie están redactadas por hombres. Si bien esta reseña también sigue esa línea, sumando al kensplaining imperante, también es un buen punto de partida para conversar sobre la última película de Greta Gerwig.
Barbie es una sátira, un género cinematográfico algo olvidado pero que tuvo su último gran exponente el año pasado con Triángulo de la tristeza (Triangle of Sadness, 2022, Ruben Östlund), que tal como esta película, presenta los problemas de los que quiere hablar, los desarrolla, se ríe de ellos en el proceso, pero no entrega soluciones sino que reflexiones que funcionan como punto de partida para una eventual conversación que desemboque en una respuesta a estas problemáticas.
En el caso de Triángulo de la tristeza el problema se llama lucha de clases. Mientras que en Barbie se denomina sociedad heteropatriarcal, o como lo conocen los panas, el patriarcado. La película no disimula en ningún momento que ese es el enemigo final, pero su fórmula simple tampoco da una solución directa. Si bien el patriarcado es nombrado en muchas ocasiones, la sororidad aunque se puede ver en las acciones de sus personajes no es referida de forma explícita. Y creo que ese es un perfecto resumen de lo que es esta obra.
La historia comienza con la vida perfecta de Barbie en el mundo plástico de Barbie Land, donde podemos ver cómo de a poco la Barbie Estereotípica (Margot Robbie) comienza a tener problemas en su vida perfecta: sus pies ya no están diseñados para los tacos, el agua imaginaria de su ducha sale fría y extraños pensamientos intrusivos sobre la muerte interrumpen las coreografías que ella y las demás Barbies están bailando. La solución será dada por la Barbie Rara (Kate McKinnon), quien le explica que debe viajar al Mundo Real (nuestro mundo, o mejor dicho, nuestro mundo resumido en Los Angeles, Estados Unidos) para encontrar a la niña que juega con ella y que está teniendo esos pensamientos intrusivos.
El viaje al Mundo Real está lleno de sorpresas, comenzando por el hecho de que las Barbies creen que al darle a las niñas la posibilidad desde pequeñas de imaginar tener el trabajo que quieran resuelven todos los problemas del feminismo; y además de eso, Ken (Ryan Gosling) se ha subido de polizón al viaje, así que ahora Barbie no solo tiene que resolver el problema principal, sino que también cuidar a un ingenuo Ken (“No te vayas muy lejos!”) que está sorprendido por este nuevo mundo donde reinan los hombres.
Lo que sigue es una espiral de bromas y giros diseñados para ridiculizar la masculinidad tóxica. Y es que cualquier persona que vea esta cinta y crea que se trata de una obra anti-hombres tiene una idea distorsionada de lo que es ser hombre. Cada broma a costa de los Kens o de los hombres del mundo real se validan en actitudes fácilmente reconocibles en algún cercano que conozcamos. O incluso en nosotros mismos, que por más deconstruidos que creamos estar, nunca estamos libres de caer en las toxicidades que vienen con el patriarcado.
La mayor virtud y al mismo tiempo el peor defecto de Barbie es lo directa que es. Desde la mitad de la película tú ya tienes claro lo qué está criticando y los personajes comienzan a entregar diálogos que rozan muy de cerca el discurso directo. Pero seamos sinceros: esta es una película producida por Mattel y Warner Bros y que a la vez crítica al patriarcado, que Greta Gerwig y su Ken (Noah Baumbach, co-escritor del guión) se hayan podido salir con la suya es más de lo que esperaba de la película de Barbie.
Pero no nos engañemos, si hay un estudio hollywoodense que ha estado jugando con los guiones meta que hacen guiños a la realidad, ese es Warner Bros. Solo hay que recordar la infame línea de diálogo en The Matrix Resurrections (2021, Lana Wachowski) donde dicen que “Warner hará una secuela con o sin los creadores de la franquicia” y que fue confirmado como una amenaza real del estudio. WB no tiene problemas en mostrarse como los malos, mientras eso les haga ganar dinero.
Mattel solo le dio permiso a Greta Gerwig para hacer esta película porque sabía que sería rentable para ellos, tal como sucede casi al final de la película en una conversación entre el CEO de Mattel (Will Farrel) y el personaje de America Ferrera. La película de Barbie es un punto medio entre los intereses económicos de ambas partes y las ganas de crear una obra que pueda ser consumida por la mayor cantidad de personas posibles, pero que igual las haga cuestionarse las cosas.
Un poco como cuando las Spice Girls popularizaron el término Girl Power a finales de los ‘90, a sabiendas que esa frase venía de un contexto mucho más combativo y punk. Mattel sigue siendo una corporación con centros de trabajo explotadores (por no decir esclavistas), pero creer que la película de Barbie viene a resolver ese o cualquier problema es derechamente ingenuo.
Entonces la pregunta cae de cajón: ¿una sátira se vuelve buena solo por ser consciente de sí misma? La respuesta es no, por supuesto que no, pero para nuestra suerte, Barbie no solo se sostiene en su guión satírico, sino que también en una experiencia cinematográfica muy divertida y muy sorprendente. La película puede saltar desde el humor más ridículo posible (los Ken en la playa cantando ese himno tóxico que es Push de la banda Matchbox Twenty) hasta genuinos momentos dramáticos donde no hay humor para no arruinarlos (-“Usted es hermosa” – “Lo sé”).
Las criticas a la película se han definido en un blanco y negro bastante decadente entre quienes dicen que es una obra maestra y quienes creen que es antihombres y antifamilias. ¿Acaso ya nadie quiere hablar de cine? ¿Nadie quiere hablar sobre esos fondos pintados en Barbie Land o el increíble diseño de vestuario de la película? En vez de eso, solo veo gente (en su mayoría hombres) discutiendo si la película es feminista o no, porque esa sería una forma de reducir la obra a un concepto que es facil de amar u odiar, cuando ni siquiera las ejecutivos de Mattel y el cast de la película se ponen de acuerdo en esto último. A veces las cosas no son blancas o negras, sino que rosadas.
Una de los mejores montajes de la película muestra a los Ken desatados hablando de diferentes tópicos sin medir distinción de si Barbie está escuchando o no (kensplaining), y extrañamente ha sido una de las partes más mencionadas cuando he hablado con otros hombres sobre la película. “No hablo más sobre el padrino” me decía uno entre risas, asumiendo que su amor por la película puede resultar aburrido para los demás. Como encargado de la parte músical de Matadero, es imposible no verme reflejado en el Ken que habla de Stephen Malckmus y el post-punk (grande Ncuti Gatwa), pero también hay que ver cómo reaccionan las mujeres a las escenas más dramáticas de la cinta, porque al final, la cinta se trata de las Barbies y cómo es vivir en sus tacones.
Y ahora, con casi dos páginas de reseña escritas (y eso que estoy dejando fuera al mejor personaje: el Alan de Michael Cera) y a riesgo de convertirme en el Ken que hace mansplaining sobre la película de Barbie, es necesario hablar sobre el final de la película: así que hago un aviso de spoilers para los siguientes párrafos.
Si bien la resolución de los problemas en Barbie Land se puede sentir apresurada, la verdad es que es un gran punto de partida para comenzar a solucionar problemas en el mundo real. Mientras que los Ken hicieron una constitución en la que ellos dominaban, el hecho de que al final solo necesitaran ser escuchados y aceptar que no tienen que lidiar con los cánones que les impone el patriarcado no solo les abre una puerta a aceptar que son SuficienKens, sino que las Barbies también se dan cuenta que si bien el Mundo Real no era la utopia feminista que ellas creían, Barbie Land tampoco lo es.
Es por esto que optan por crear una nueva sociedad donde no se necesite que Kens o Barbies lideren sobre los otros, sino que puedan coexistir, por lo que deciden crear una nueva constitución para Barbie Land que de a poco vaya integrando a los Ken, demostrando que lo importante no es oprimir sino que integrar.
Ese es un párrafo que en mi vida creí que escribiría. Me la hiciste de nuevo Greta Gerwig.




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