Dry Cleaning: Contrastes e imágenes absurdas en formato spoken-word 

Dry Cleaning Chile 2023
Tortugas que se pierden en medio de crisis familiares, un emo que colecciona cosas muertas y pelotas saltarinas de Tokio, Oslo y Río de Janeiro. Todas imágenes encontradas en las letras de Dry Cleaning que, como la banda misma ha explicado, tratan de describir lo absurdo que se siente vivir en una sociedad capitalista. Esa energía irracional fue traída a Chile en forma de un show en vivo el pasado miércoles 17 de mayo en el Club Subterráneo. Una presentación que estuvo llena de imágenes caóticas, disparatadas y postcapitalistas.

Cosas absurdas que pueden pasar al llevar una de las bandas internacionales más innovadoras de los últimos años a tocar al Club Subterráneo: puedes encontrar la calle Orrego Luco (que sirve para entrar al club) en reparación, lo que hace del acceso una especie de pasillo secreto a un lugar exclusivo; puedes encontrarte con el guitarrista tratando de explicarle a los guardias que es parte del show para que lo dejen ingresar; es más: incluso hallarte en el urinal del club con el mismo guitarrista, preguntándote si es demasiado desubicado saludarlo en ese momento mientras se está sacudiendo antes de ir a tocar. Todas cosas un poco absurdas, pero que sucedieron la noche del miércoles 17 de mayo en el concierto que la banda inglesa Dry Cleaning dio en Santiago de Chile.

A menudo cuando se habla de Dry Cleaning se menciona que son una banda agrupada en el post-punk, pero posiblemente esa etiqueta no les hace justicia, ni tampoco a los muchos grupos que vinieron antes y que fueron puestas bajo el mismo género musical. Quizás porque el post-punk no es un estilo de música y la forma más acertada de definirlo sería decir que es una actitud que deriva de la rebeldía del punk, pero que ocupa esa energía en lograr combinaciones y experimentos musicales más oscuros y desapegados del juicio del qué se puede o no hacer. Si ese fuera el caso, sí, Dry Cleaning es una excelente banda de post-punk.

Créditos: Juan Kattan

La primera vez que se escucha al grupo rápidamente cautiva ese spoken-word con tono desganado de su vocalista Florence Shaw y las extrañas guitarras de Tom Dowse, que a momentos recuerdan a Sonic Youth y en otros a los Siouxsie and the Banshees de John McGeoch. Pero en vivo uno se puede dar cuenta que estas llamativas personalidades musicales también son la parte humana de cada miembro, algo que se ve mucho mejor en su show en directo, en especial en un lugar íntimo como el Club Subterráneo.  

El concierto tuvo lo mejor de sus dos discos de estudio, llenando el set de canciones de New Long Leg (2021, 4AD) y especialmente Stumpwork (2022, 4AD), pero también dejando espacio para algunas más viejas, como Goodnight o Magic of Meghan de su Sweet Princess EP (2019, It’s Ok). Todo esto fue retribuido por los fans, quienes demostraron su cariño por Dry Cleaning de distintas formas. Porque si algo deja claro el show de los ingleses es que, tal como ellos son una agrupación donde cada personaje es distinto pero parte de algo más grande, en el público también puedes disfrutar como prefieras. Al final, son una de esas bandas que te hacen sentir que puedes ser parte de ese algo más grande, gracias a las diferencias que se ven entre estos músicos cuando están en el escenario.

Si el bajista Lewis Maynard (que parece una versión barbona y chascona de Joe Manganiello) a primera vista da unas vibes de metalero, sus bajos tocan algo mucho más cercano al jazz o a géneros con más groove. Por otro lado, el baterista Nick Buxton, con su pelo estilo Príncipe Encantador de Shrek 2 y enfundado en una polera de ABBA, mostraba su gusto por el disco y el jazz, incluso tocando el saxofón en la canción Anna Calls From the Arctic.

Párrafo aparte para hablar de Tom Dowse, el extrovertido de la banda y quien comúnmente responde las entrevistas de los medios. Con uno de los chalecos más lindos que he visto de la banda Power Trip, el guitarrista tocaba, bailaba, arengaba al público cuando este se prendía y gesticulaba sacando la lengua cual Miley Cyrus en 2013. Todo mientras Flo Shaw se encontraba en su metro cuadrado, dentro de su personaje de frontwoman que tiene una mirada perpleja y taciturna a partes iguales, una cara que mantiene cuando musita sus letras llenas de un imaginario muy propio de la banda: una combinación entre lo macabro y lo postcapitalista. 

Créditos: Juan Kattan

«Creo que nuestra música a menudo trata de describir lo que significa vivir en una sociedad que está formada por el capitalismo, entre otras cosas, y lo absurdas o surrealistas que se sienten esas relaciones», decía Dowse al medio Página 12 de Argentina. Y si nos ponemos a pensar, esa misma idea está en el centro de la combinación sonora que hace cada miembro de la banda. Tratar de definir a Dry Cleaning es iluso y poco factible, como vivir en el Chile del 2023 o buscar el consumo ético dentro del capitalismo, y Florence Shaw lo sabe. Por eso hace un esfuerzo extra en crear una performance para la gente: busca el absurdo, dejándole el trabajo al público de discernir si quieren o no creer en las imágenes paganas que pone en su cabeza.

Fue extraño ver a Dry Cleaning en el Subterráneo, entre mesas, lugares vip y famosillos del mundo músical saludando al público, pero si te detienes a pensarlo dos segundos tiene sentido dentro del imaginario de contrastes que la banda ofrece. Contraste entre la Flo Shaw que canta y la Flo Shaw que saluda con la sonrisa de una niña cuando termina el show o cuando recibe como regalo un extraño espejo con forma de dentadura postiza que una persona del público le regaló. Contraste entre los que coreaban los riffs de guitarra de Dowse y los que se limitaban a ver la banda en una silenciosa alegría. Contraste entre ocupar la canción que abre su último disco para cerrar el concierto y no una de sus más conocidas. Contraste entre ver, en tiempos de festivales, streaming y filas virtuales, a una de las bandas más celebradas del último tiempo en un espacio pequeño pero bien elegido como lo es el Club Subterráneo. Y ese contraste es un lujo que los que estuvieron ahí siempre van a poder atesorar. 

Créditos: Juan Kattan

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