(The Damned llega por primera vez a Chile en un concierto planificado para el 13 de marzo en la Blondie. Conoce todos los detalles a aquí)
Pocos términos deben estar tan manoseados en la actualidad como lo es el punk. Para las generaciones que vivieron el fenómeno en su momento, el punk se terminó convirtiendo en algo serio, una herramienta anticapitalista que buscaba salvar la individualidad propia a través de una estética, un mensaje y, sobre todo, un sonido contestatario y chocante. Pero como cualquier utopía, en algún momento la pose rebelde y las reglas impuestas sobre qué es el verdadero punk terminan siendo tan reductivas y atrapantes como las reglas que se buscaba destruir.
En la actualidad, el punk no es algo de risa. Probablemente es algo que le salvó la vida a tu padre o te fue presentado como algo parecido. Un milagro en el campo cada vez menos fértil de la música. Algo serio que pelea contra el poder. Un pantalón rasgado a la vez.
Si los Sex Pistols son la boyband que representa la anarquía no como un movimiento político sino como un simple sentimiento nihilista, el lado más político panfletario se ve reflejado en The Clash, otra boyband del género. Sin desmerecer a ninguno de esos proyectos, ambos terminan cometiendo el pecado original de la primera oleada del punk: tomarse demasiado en serio.
Cuando el punk llega a Inglaterra lo hace de la mano de los Ramones, gringos hastiados que volcaban su día a día a través de narrativas callejeras y de cómics, simples y sin pretensiones más grandes que sonar como los Stooges de Iggy Pop. Tomaron lo que tenían e hicieron n algo con eso. Y si esa es la definición de punk por la que nos guiamos, tanto los Pistols como los Clash palidecen ante una banda que lo entendió mejor: The Damned.
Los punks verdaderos contra los punks falsos
Los casi cincuenta años de carrera de The Damned son difíciles de condensar en un solo texto, pero es necesario saber que al momento de su fundación consistían en el vocalista proto-gótico Dave Vanian, el guitarrista y compositor primario Brian James, el bajista (y después guitarrista) Captain Sensible y el extremadamente rápido baterista Rat Scabies (Rata Sarnosa, en español).
Fueron la primera banda inglesa en lanzar un single punk (‘New Rose’, cinco semanas antes que el ‘Anarchy in the UK’ de los Pistols); los primeros en lanzar un disco de punk (Damned Damned Damned meses antes que el homónimo de The Clash); la primera banda punk inglesa en girar por Estados Unidos e incluso la primera banda de esa camada en separarse (de nuevo, antes que la conocida implosión de los Pistols en Estados Unidos). Básicamente, su importancia histórica es innegable.
La diferencia entre el punk serio y el punk —a falta de una mejor palabra— más libre, es precisamente la falta de prejuicios y restricciones. Según las palabras de Captain Sensible (desde ahora, el Capitán) a la revista Uncut: “Alguien una vez me comentó que las bandas punks más interesantes son las que no escuchaban mucha música punk. Nosotros ciertamente no la escuchábamos tanto”.
Por otro lado Brian James ha hablado explícitamente sobre la diferencia entre estas dos formas de punk: “Nosotros nunca fuimos aceptados por la arrogante elite de la jerarquía punk porque no nos vestíamos con ese estilo, pero los Pistols y los Clash sí que lo hacían e incluso alentaban a hacer lo mismo a otros grupos como los Banshees o The Slits. Una vez la ropa y el uniforme punk empezó a ser más importante que el público, la esencia del punk fue lanzada por la ventana”.
Además, el cantante Dave Vanian también tiene palabras para lo increíblemente restrictivo que podía ser un movimiento que buscaba liberar a la juventud de las ataduras —sociales y musicales— que imponía la Inglaterra de esa época. Estas fueron sus palabras para Rolling Stone en 2017:
“Al principio la escena punk era muy prometedora. Todos los grupos eran diferentes y cada uno tenía su propio sonido. El denominador común era que lo hacía gente joven y cada uno en sus propios términos. Pero luego se convirtió en ‘deberías escuchar esto y deberías ponerte este uniforme. No deberías hacer esto o aquello’. Se suponía que esto se trataba de no tener reglas, pero todas las generaciones terminan con su música diluida (…) El punk muy rápidamente se convirtió en un animal diferente de lo que debería haber sido”
El mismo Capitán se ha referido a como, en una ocasión, una Siouxsie Sioux le dijo directamente que él no era un verdadero punk y nunca lo sería. Si el punk era el movimiento para los jóvenes de clase obrera oprimidos por la falta de oportunidades, The Damned fue la banda que ni siquiera fue aceptada por esos rezagados de la sociedad.
Ese desdén hacia la banda venía precisamente por rehusarse a seguir las reglas de lo que en un comienzo se suponía que sería un movimiento sin reglas. Si el punk negaba toda la música que había venido antes y pregonaba que no existía un futuro, The Damned fueron discriminados por negarse a decir que no había futuro.
Quizás mañana no sea tan brillante, y quizás nuestra generación esté maldita, pero eso no significa que haya que apostar por la autodestrucción sino que por la evolución, tanto musical como humana. No por nada sus canciones nunca fueron políticamente explícitas, pero al mismo tiempo son innegablemente de clase obrera.
Esta forma de crear música hace mucho eco hoy en día, donde ya tenemos asumido que no hay consumo ético dentro del capitalismo, y que los Pistols y los Clash son marcas que le ponen a la ropa fabricada por H&M o Forever 21. ¿Quiénes son más punks ahora? ¿Cómo se mide “lo punk”? ¿Acaso algo de eso importa? El capitalismo puede correr, pero por casi cincuenta años The Damned ha corrido más rápido.
Una discografía en búsqueda de la libertad
La idea de ser una estrella del rock para The Damned era una salida, no muy distinta a la que muchos artistas urbanos deben tener al momento de iniciar sus carreras musicales. El punk es una solución a sus problemas, no un simple paseo en el que me puedo vestir de quien no soy.
La leyenda cuenta que el Capitán tenía otra banda antes, donde no hacían canciones ya que consideraban eso demasiado burgués, pero mientras él hacía sus experimentos musicales de día y trabajaba con Rat limpiando baños de bares por la noche, vio como Marc Bolan tenía una fama desmedida en especial con las mujeres. La lógica era la siguiente: quizás limpiar baños no llame tanto la atención de las chicas como sí lo hace ser una estrella del rock. ¿La respuesta? A la mierda la ética, hay que hacer algunas buenas canciones y hacerse famosos.
En el documental The Damned: Don’t You Wish You Were Dead (Wes Orshoski, 2015) el Capitán explica que ellos eran los únicos con la suficiente cara dura para decir que hacían esto para ganar dinero. Toneladas de dinero, de ser posible. Esa misma aproximación fue la que tomaron los Pistols para su Gira del Lucro Indecente —que los trajo a Chile el ‘96—, décadas después que The Damned instaurara su honestidad como una marca punk poco convencional, de nuevo adelantándose por mucho a la banda de Johnny Rotten y compañía.
Su desfachatez los llevó a tomar algunas decisiones que tampoco se veían bien en el cada vez más elitista mundo punk, como por ejemplo lanzar su primer single ‘New Rose’ con un lado B inesperado: un cover a ‘Help!’ de los Beatles en clave punk, mucho más rápida y con una sensación que tiene mucho más que ver con el supuesto grito de ayuda que buscaban los de Liverpool. Una gran idea mal vista por sus contemporáneos que fingían odiar a Paul McCartney y los suyos.
Después de que en 1977 su primer disco fuera un éxito de ventas y crítica, The Damned trató de hacer otro infame experimento: un disco que mezclara el punk con la psicodelia. Mientras los Pistols se hicieron conocidos por la polera que Johnny Rotten lucía en las calles que decía “Odio a Pink Floyd”, los Damned veían en los primeros discos de Floyd una creatividad que resonaba con ellos. Pidieron de productor a Syd Barret, pero el otrora vocalista ya estaba en retirada. Terminaron contratando a Nick Mason, el baterista de la banda progresiva, quien recuerda en el ya mencionado documental que la banda podía tener ya grabada varias canciones en el mismo tiempo que Pink Floyd se demoraba en armar la batería.
El resultado fue un fracaso (Music for Pleasure de 1978) por culpa de la combinación de una idea demasiado grande y muy poco tiempo para ejecutarla. Esta decisión los llevó a separarse en febrero de 1978. Según recuerda Brian James en una entrevista a Mojo Magazine en 2013: “(…) con Rat fuimos de vuelta al hotel, nos bajamos unas botellas de brandy y luego intentamos hacer una fogata en su habitación. La siguiente cosa que veo es que Rat rompe en llanto diciendo que ya no puede seguir haciendo esto”.
El Capitán tampoco lo tomó demasiado bien. Según cuenta en el documental, luego de la separación vagó por las calles y encontró refugio en un cine. Dice que entró sin saber qué estaban proyectando y en un giro del destino, la película en exhibición era ABBA: The Movie, por lo que se sentó con su chaqueta de cuero entre todos los fans de ABBA y se puso a llorar. Él también quería tener a su banda, tal como estos fans tenían a ABBA. No quería volver a limpiar baños.
Durante la década de los ochenta, cuando The Damned ya se había reagrupado, el Capitán dio varias entrevistas donde comentaba como todavía no se creía que su vida consistiera en tocar música. El escapar de los trabajos normales y las fábricas era un sueño hecho realidad que no parecía ser real. Probablemente es el tipo de hambre que le falta a muchos “punks de verdad”. Vamos juntos para adelante, porque para atrás solo es peor.
Cuando la banda decidió reagruparse el Capitán se pasó a la guitarra y el bajo fue tomado por Algy Ward. Su siguiente lanzamiento fue el que probablemente es su mejor trabajo: Machine Gun Etiquette (1979), que encuentra su mayor fortaleza en lo ecléctico que es su sonido, influenciando desde el punk californiano (‘Machine Gun Ettiquette’, ‘Anti-Pope’ y ‘Noise, Noise, Noise’) hasta el post-punk y new wave que tomarían los teclados como punto central (‘I Just Can’t Be Happy Today’, ‘These Hands’ y ‘Smash It Up – Pts. 1 & 2’).
De ahí en más The Damned dejó de preocuparse por todo. Machine Gun Etiquette había abierto una puerta que no volvería a cerrarse. The Black Album (1980) y el siguiente, llamado Strawberries (1982), son dos esfuerzos que de a poco los fueron alejando del punk y acercando a una estética más gótica parecida a la que profesaba Vanian. El mejor ejemplo de la evolución de la banda es el tema que cierra The Black Album: ‘Curtain Call’, un inmenso himno que reniega de las concesiones del punk con una duración de 17 minutos y 14 segundos.
Un sonido maldito pero perseverante
En la actualidad no es difícil encontrar huellas de sus enseñanzas en otras bandas. Ian MacKaye de Minor Threat y Fugazi no oculta su genuina admiración por la banda, mientras la armonía mezclada con rapidez rítmica de sus primeros discos influenció a grupos como Descendents, NOFX, The Offspring y los primeros Green Day, todos personas que decidieron tomar la aproximación de ser políticos desde lo personal (al menos al comienzo de sus carreras). Y si nos enfocamos en la estética de Vanian, es fácil comparar su presencia escénica con la de bandas como AFI o My Chemical Romance, y hasta encontrar su forma de cantar en, por ejemplo, la época de Misfits con Michale Graves como vocalista. Incluso el mismo Dave Gaham de Depeche Mode ha dicho sin tapujos que todos sus movimientos como vocalista provienen de Dave Vanian.
A esta altura The Damned es más que una banda, es una institución que se mantiene en pie a base de ganas, honestidad y genuina curiosidad musical. Tres cosas que ya quisieran varias agrupaciones actuales que se creen más importantes de lo que realmente son.
Su música sigue sin ser tan conocida como se debería, pero se termina pasando de mano en mano o de boca en boca tal como pasaba en los tiempos antes del internet, una banda completamente necesaria para cualquier entusiasta de la música, pero que por sus propias decisiones y problemas terminaron siendo relegados a pesar de lo importantes que han sido.
El punk performativo, lleno de uniformes y formas de ser, no está tan lejos de las instituciones a las que buscaba hacerle frente: la iglesia, el colegio, el trabajo, los partidos políticos, entre otros. Y si bien hasta en el 2025 es difícil encontrar bandas que puedan ver esa discordancia entre mensaje y acción en el punk (mucho menos que la ataquen directamente) siempre será bueno saber que existió una grupo que no se dejó llevar por la moda. Ni siquiera por la moda que planteaba ir contra las otras modas. Y quizás por eso es que The Damned nunca pudo estar a la moda.




