Sinéad O’Connor: Nosotros la abandonamos, ahora no nos hagamos los tontos

Madonna barrió el piso con ella por “burlarse del catolicismo”, Miley Cyrus la pisoteó por sus problemas mentales, la abandonamos cuando nos advirtió sobre el Papa, pero ahora todos la tributamos. A raíz de la carta en que Morrissey nos recordó que podemos ser hipócritas, analizamos el por qué estos homenajes son tan vacíos.

Por Pablo “Alga” Rojas

Mientras escribo esto, debe haber pasado una semana desde que Sinéad O’Connor falleció. Luego de una década que había sido nefasta en su vida personal, luchando contra sus propios demonios y la trágica muerte de su hijo hace año y medio, la noticia nos impactó a todos.

Pero hubo alguien inesperado que nos vino a recordar que casi todos quienes salieron públicamente a llorar son unos hipócritas. Y ese alguien fue Morrissey.

En una carta pública que colgó en su sitio oficial, lanzó una frase que resonó: “Ustedes la alaban AHORA solo porque es demasiado tarde. No tuvieron los huevos para apoyarla cuando estaba viva, cuando los buscó”.

El fundador de Consequence, Alex Young, en su columna para el mismo medio apuntó a que “como dice el dicho, incluso un reloj roto puede dar la hora dos veces en un día. Por todos sus fallos, Morrissey en esta instancia está en lo correcto. Muchos tributos en redes sociales suenan vacíos y llegaron un poquito muy tarde”.

¿Y por qué? Porque quienes hoy la lloran, ayer la destruyeron. Nadie estuvo ahí para ella. Nadie mostró sororidad, ni siquiera los que hoy se alzan como íconos del feminismo musical estuvieron para ayudarla, es más, quisieron pisotearla.

Por lo mismo, quiero hablar de esa hipocresía, y defender a una artista que no merecía el trato que se le dio y que, aunque le duela a cierta Reina del Pop que mencionaremos unos párrafos más adelante, siempre tuvo razón. 

El trastorno bipolar y el abandono: Sinéad en sus últimos años y el caso Miley

El trastorno afectivo bipolar, según lo define la Sociedad Chilena de Trastornos Bipolar, es “una enfermedad cuya característica esencial es la alteración del estado del ánimo que cursa en fases, esto es, que aparece por períodos a lo largo de la vida, dejando entremedio largas etapas de normalidad. Las fases de la enfermedad pueden ser de tipo maníaco, de depresión, de hipomanía o mixtas”.

Para el caso en cuestión concentrémonos en los últimos años de vida de Sinéad. Gritó por ayuda de distintas formas. En episodios en que su depresión se volvió muy fuerte, hubo desapariciones por días, intentos de suicidio y momentos en que su desesperación se volvió inmanejable, al punto en que el miedo de que algo pasara era latente.

Mientras ella vivía eso, el mundo seguía tal cual. Muchos hicieron caso omiso y hubo un evento que vale la pena traer a la mesa para que vean la hipocresía con que actúan quienes la abandonaron.

En el 2013, O’Connor escribió una carta abierta a Miley Cyrus en que le daba una advertencia tras ver su video de “Wrecking Ball”, indicando que no dejara que el negocio de la música “haga una prostituta de ti“.

¿Qué hizo Miley? No halló nada mejor que responderle con una serie de tweets burlándose de sus problemas y la guinda de la torta: le sacó en cara el incidente en que la irlandesa rompió la foto del Papa Juan Pablo II en Saturday Night Live (más detalles de eso en un momento).

Así eran las reacciones hacia Sinéad. Disminuirla, dejarla en el suelo. Ella tiene problemas, ¿por qué tiene que darnos consejos? ¿Qué se cree? 

Ahora, el colmo fue que años después cantaban “Wrecking Ball” y “Nothing Compares 2 U” juntas. La canción de Prince que Sinéad hizo un hit. Miley rendía tributo a la misma voz que pateó en el suelo tantas veces. ¿Así funciona el capitalismo sentimental, no?

El caso Madonna: Católica cuando le conviene

Ahora quiero traer el caso más polémico y el que refleja que nadie estuvo cuando Sinéad lo necesitó. Es 1992, el disco I Do Not Want What I Haven’t Got (1990) sigue en su peak y por ende el programa de humor que lidera el rating estadounidense, “Saturday Night Live” la invita a actuar.

¿Qué hace? Se pone frente a la cámara junto a una vela. Canta una versión alterada de “War” de Bob Marley, toma la foto del Papa Juan Pablo II y la rompe. “Pelea al verdadero enemigo”, dice al final ante un silencio sepulcral. Un momento liberador que le traería el escrutinio público.

Joe Pesci amenazó con golpearla si llegaba a verla. Típica acción patriarcal me dirás. Pero qué te parece si comentó sobre el día en que el ícono del feminismo musical por esos años fue quien le dio más en el suelo: Madonna.

Así es, la misma Madonna que años antes escandalizó a todos con su video de “Like a Prayer”, la que hacía afán de sus raíces católicas y cómo era liberarse de ellas, la misma que escandalizaba con la liberación sexual, no solo dijo que Sinéad fue demasiado lejos, sino que se burló.

Y es que la Reina del Pop no era una figura a la que la irlandesa admirara como el resto de su industria. Cuando tuvo la oportunidad, señaló en una entrevista con The Irish Times en 1992 que creía que “había mejores formas de presentar sus ideas que romper una imagen que significa tanto para tanta gente”. Madonna diciendo eso, la misma que había escandalizado al Catolicismo.

Dos meses después, Madonna se burló de este acto rompiendo una foto del violador Joey Buttafuouco diciendo la misma frase que O’Connor. Un acto que tenía su qué. Había que burlarse de quien insultó a los católicos, a alguien cuya razón por fin se le dio cuando se descubrió que el querido Papa encubrió casos de pedofilia dentro de la Iglesia Católica.

¿Pero por qué hizo esto? Una columna en la revista Spin, lo dice todo. Allí el fundador Bob Guccione Jr. escribe: “Después que Sinéad O’Connor rompiera la foto del Papa en SNL, Madonna la destrozó en la prensa, obviamente para incrementar las ventas de su disco Erotica (1992) y su nuevo libro ‘Sex’», (el libro donde posa desnuda junto a… Vanilla Ice).

«Cuando la controversia de Sinéad amenazó con atraer la atención que necesitaban estos lanzamientos, se convirtió en religiosa otra vez», agregó.

Si bien Sinéad afirmó que este movimiento no destruyó su carrera, sino que fue el éxito de aquel glorioso disco lanzado en 1990, sí que puso la muralla para que nadie quisiera apoyarla y ahora todos los hipócritas que la abandonaron se junten a llorarla.

Sinéad es eterna, pero no para todos

Miren, el tributo de Peter Gabriel también fue frío, considerando que ambos tuvieron una relación, lo que hace que las frases que le dedicó en su libro, en que menciona que él solo la consideró su “weekend pussy” sean ciertas y provoquen más rabia –aunque también pidió que nadie hablara mal de él, ya que la cosa acabó en buenos términos, al parecer–. Pero ese no es el punto.

Sinéad O’Connor es una artista eterna, una figura única, a la que todos, y nos incluyo a todos, no supimos apreciar porque preferimos mirar al lado cuando gritó por ayuda. Ahora no sirve decir que siempre la entendimos, es más, a muchos se les nota las ganas de conseguir likes en sus tributos. Fácil es lanzar palabras lindas después de la muerte, pero no es tan fácil asumir la raíz del problema: que no estuvimos ahí.

La intérprete será eterna, pero no para todos, porque no estuvimos allí cuando nos necesitó, ¿Por qué buscamos retenerla en nuestra memoria como si la necesitáramos ahora?

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