Ver Terminator (1984) de James Cameron, película que este año cumple 4 décadas, sigue manteniéndote en suspenso con su terror: aquella máquina imparable, determinada a matar cueste lo que cueste. Y no solo eso, sino que su historia de amor también te continúa atrapando, fugaz, sí, entre Sarah Connor (Linda Hamilton) y Kyle Reese (Michael Biehn). La mesera que será la madre del líder de la resistencia, icónica mujer de acción, y aquel soldado del futuro.
Pero la importancia de Reese no radica netamente en que será el padre de John Connor, sino también por su lugar en la narrativa. Su propósito es levantar a Sarah, ayudarla a encontrar su propio poder y desaparecer. Bien se podría analizar como una subversión del concepto de Manic Pixie Dream Girl.
Y no es él único.
Es que a Cameron le gustan sus chicos maniáticos. Junto a Kyle Reese creó a otro que, seguramente, es aún más conocido e identificable: el humilde y soñador Jack Dawson de Titanic (1997) en la piel de un jovencísimo Leonardo DiCaprio en su máxima era de rompecorazones adolescente.
La Manic Pixie Dream Girl (MPDG en adelante) es un arquetipo acuñado por el crítico de cine, Nathan Rabin, para el hoy casi extinto AV Club tras ver al personaje de Kirsten Dunst en la película Elizabethtown (2005, Cameron Crowe): “La MPDG existe netamente en la afiebrada imaginación de los sensibles escritores-directores para enseñarle a chicos melancólicos abrazar la vida, sus infinitos misterios y aventuras”.
Se trata, como se puede leer, de un concepto sarcástico pues la norma en este tipo de películas se enfoca en los mundos internos de aquellos jóvenes. Las chicas maniáticas llenas de sueños son solo una fantasía para hacerlos crecer y alcanzar su realización personal, su propia felicidad, mientras ellas se quedan ahí, estáticas y listas para aceptarlos.
En este contexto, los Manic Pixie Dream Boys (MPDB) de Cameron representan un respiro en un escenario que roza el sexismo. Personajes masculinos, como Jack Dawson y Kyle Reese, aunque también están diseñados para impulsar el crecimiento de la protagonista, aportan una frescura y profundidad que a menudo falta en sus contrapartes femeninas (como la insoportable que encarna Natalie Porman en Garden State (2004), ópera prima –e infumable– de Zach Braff).
Kyle Reese: piedra angular de Terminator
Hablar de Terminator automáticamente trae a la mente el fin del mundo como lo conocemos, robots malvados, Arnold Schwarzenegger y, por supuesto, Sarah Connor (y claro, John Connor).
Sarah Connor es uno de los personajes femeninos de acción más populares del cine y con razón, su arco argumental en las dos primeras películas –las mejores de una franquicia que aún intentan reanimar, pese a que lleva décadas muerta– está perfectamente armado, a lo que se suma la excelente actuación de Linda Hamilton.
Pero Terminator, el clásico de 1984, no habría sido lo mismo sin su otro protagonista: Kyle Reese.
Delgado, sucio, demacrado y lleno de traumas, Reese no solo le robó el corazón a Sarah en un día, sino que cimentó un arquetipo de protagonista de acción masculino que es una alternativa al clásico hombre duro que nada le afecta, brindándole un lado vulnerable a una película que podría haber sido solo de terror. Y todo unos cuantos años antes de que Bruce Willis viniera a cambiar el arquetipo de hombre de acción con su fabuloso John McClane en Duro de Matar (Die Hard, 1987, John McTiernan).
Michael Biehn, quien dos años después también nos conquistaría con su cabo Dwayne Hicks en Aliens (nuevamente con Cameron y esta vez manteniendo química con la teniente Ripley), da vida a Reese de una forma única y que no ha podido ser imitada ni siquiera en la película más nueva donde retornó, de manera decepcionante, el personaje (Genisys, 2015, Alan Taylor).
El Kyle Reese de Biehn posee una vulnerabilidad no siempre encontrada en los hombres de acción: es un hombre torturado, traumatizado, quien se ha criado en un horrible futuro post-apocalíptico y quien no entiende las formas más civilizadas de un pasado sin dolor. De hecho, si hubiera sobrevivido al final, lo más probable es que adaptarse a un mundo sin guerra le habría sido imposible.
Reese pasa buena parte de la película aterrorizado, manteniendo la calma porque así es cómo se ha criado. Su misión es lo más importante para él: proteger a Sarah Connor, la madre de John, el tipo que más respeta y quien lo envió al pasado (aquel líder que conoce la verdadera identidad del soldado).
Es un personaje que en otras manos no habría sido nada más que un tipo duro a quien no le entran balas, y quien enamora a Sarah con frases de rudeza (“ven conmigo si quieres vivir” es un gran clásico). Sin embargo, en Terminator es un hombre maniático al que se le juzga por no estar precisamente cuerdo (y no culpemos a la policía, Kyle no es la definición de cordura), para quien su mejor forma de coquetear es hablar de cómo fabricar bombas, y quien protege su corazón al cuidar una foto en la que ha guardado su única esperanza, como si se tratara de uno de aquellos héroes de historias de caballería medieval.
El rol narrativo de Kyle Reese no solo tiene como meta derrotar al cyborg y concebir al líder de la resistencia, sino que por sobre todo se encuentra en empoderar a Sarah Connor, en hacerla ver quien es por dentro, su resiliencia, su determinación y voluntad para vivir.
Cuando conocemos a Sarah, es una chica normal, una mesera, quien no se siente satisfecha con su vida, a diferencia de su círculo cercano. Está congelada, sin saber qué hacer, cuál es su destino. No es hasta conocer a Kyle, a quien teme y detesta al inicio (y de nuevo, no podemos culparla, Kyle es creepy), que empieza a darse cuenta de la fuerza que corre por sus venas. Cuando la vemos arrastrarlo y gritarle “¡levántate, soldado!” tenemos un vistazo de quien será la persona que criará, para bien o mal, a John Connor con todo el conocimiento necesario para detener a Skynet.
En el metraje que tiene el Kyle Reese de Biehn, quien solo aparece en la primera película, su personaje se sustenta no tanto por lo rudo (y sin duda también lo es), sino por lo humano que se muestra tras un flashback de su pasado, o cuando conecta emocionalmente con Sarah para hablar sobre lo que les depara el destino, poniendo su fe en ella incluso sin conocerla en un monólogo con sentimiento, perturbante y desesperanzado, pero que se gana a pulso su corazón. La muerte de Kyle, además, es el peso traumático con el que cargará Sarah hasta su propio deceso.
Por algo Connor le graba al bebé en su vientre las palabras que deben ser las más románticas de toda la franquicia: “En las pocas horas que tuvimos juntos, nos amamos por toda una vida”.

Jack Dawson: el soñador
En los noventa no podíamos escapar de él: pelo rubio, ojos azules, dreamy. Leonardo DiCaprio generó una auténtica «dicapriomanía» con su interpretación de Jack Dawson en Titanic. Este artista pobre pero optimista que gana un boleto de tercera clase para sumarse al fatídico viaje del transatlántico y, a través de su carácter libre y espíritu aventurero, no solo captura el corazón de Rose (Kate Winslet), sino que también la libera de su vida sofocante y restringida.
Jack Dawson es la encarnación del Manic Pixie Dream Boy, cuenta con todas las características: un personaje cuyo optimismo y visión de la vida como una serie de aventuras y posibilidades impulsa a Rose a romper con las expectativas sociales y familiares que la mantienen prisionera. No solo le salva la vida, literalmente, al rescatarla cuando está a punto de saltar del barco, sino que le abre los ojos para que ella misma desee su libertad. Jack le muestra un mundo lleno de oportunidades, algo que Rose nunca había experimentado debido a las estrictas expectativas de su familia y su prometido, el detestable Cal Hockley (Billy Zane)
Jack representa los deseos que ha reprimido Rose y que, incluso, no conoce que viven dentro de ella. Cuando la lleva a la proa del barco, ella experimenta esa sensación de libertad y aventura por primera vez, un estilo de ser que él ha hecho suyo; o cuando la invita a la fiesta en tercera clase, Rose puede comparar su propia y opresiva vida con lo que se pierde al estar encerrada en una jaula invisible. Mediante su relación con Jack, aún cuando solo dura apenas unos días, incluso menos, Rose aprende que es correcto perseguir sus sueños y a encontrar su destino fuera de las limitaciones de su vida anterior.
James Cameron, a través de personajes como Kyle Reese y Jack Dawson, hace suyo el concepto del Manic Pixie Dream Girl y lo masculiniza de una forma agradable. Presenta a hombres que, aunque imperfectos y vulnerables, juegan roles cruciales en el desarrollo personal de las protagonistas femeninas, cuya narrativa sigue la audiencia. Una subversión al arquetipo clásico pues en la visión del director son ellos quienes pasan a segundo plano para permitirles a ellas brillar y descubrirse a sí mismas. Lo anterior logra que el público no solo los admire, sino que también se enamore, junto a ellas, de esos tipos traumatizados o soñadores.
Así, el enfoque de Cameron no sólo les otorga a los personajes masculinos una profundidad emocional que pocas veces se ve en el cine de acción o en historias de amor, sino que también desafía las expectativas tradicionales de sus géneros. Y más allá, no solo sirven para complementar a las protagonistas, sino que también representan una forma más completa y vulnerable de masculinidad.
En un mundo cinematográfico donde aún predominan los estereotipos de género, la visión de Cameron sigue siendo tan revolucionaria como sus efectos visuales.



