Por: Alex Miranda
2023 es el año de la épica autoral en las salas de cine. Todo comenzó con las tres horas de surrealismo horroroso de Beau is Afraid (Ari Aster), después con la favorita del público Oppenheimer (Christopher Nolan) con una duración que también redondea las tres horas. Ahora es el turno de uno de los más reconocidos directores: Martin Scorsese, que sin ningún asco aumenta la apuesta con Killers of the Flower Moon, una película que se atreve a durar tres horas y media.
Para cualquiera esto puede ser demasiado, produciendo un efecto de rechazo ante la experiencia de entregar tanto de nuestro tiempo a una obra. Pero quiero ocupar este espacio no solo para reseñar la cinta, sino que también para abogar a que por favor, si se declaran fanáticos de las películas, no dejen pasar la oportunidad de ver Killers of the Flower Moon en una sala de cine. No por una cuestión de grandilocuencia (como vendieron Oppenheimer, por ejemplo) sino que por inmersión. Algo necesario en una obra así de grande.
Ahora, una pequeña sinopsis: Lo nuevo de Scorsese cuenta la historia real de cómo la tribu indigena de Estados Unidos, los Osage, terminan siendo dueños de tierras con petróleo, convirtiéndolos en millonarios. De esta forma, al comienzo podemos ver a los indígenas en puestos de poder que pagan por los servicios de trabajadores de raza blanca. Por supuesto, al menos tres horas y cuarto del metraje está enfocado en mostrar el nivel de horrores a los que el hombre blanco llegó para quedarse con la riqueza Osage. De más está decir cómo termina todo.
En tiempos donde Netflix obliga a que sus series sean creadas por algoritmos para mantener al espectador viendo la pantalla; donde se le llama al arte “contenido” para que sea más digerible y vendible; donde el spoiler es uno de los mayores pecados que puedes cometer, Scorsese nos entrega una película donde sabes cómo terminará todo desde el comienzo. Lo maravilloso es que eso no le quita poder ni a la narrativa ni a la forma de edición que estás viendo en pantalla.
La trama presenta muchísimos personajes, pero los que más destacan son el protagonista, Earnest Burkhart (Leonardo DiCaprio); su tío, William “King” Halle (Robert De Niro) y la esposa de Earnest: Molly Burkhart (Lily Gladstone). Lo interesante es que cada destaca de forma especial en la filmografía de sus actores. Mientras DiCaprio se ha hecho conocido por encarnar a esos seres carismáticos o atormentados que le da Scorsese (El aviador, Los infiltrados o El lobo de Wall Street son buenos ejemplos) este nuevo rol es un tipo de vicio muy presente en nuestra sociedad actual: el tonto que termina tomando el camino del mal a sabiendas. Un personaje patético más cercano a su actuación en Don’t Look Up y que podría fácilmente aparecer en una película de los Cohen.
Por otro lado, De Niro actualmente se ha dedicado a dos cosas: comedias ligeras y actuaciones muy serías, sin punto medio entre ambas. Lo bueno es que parece ser que todas las cintas centradas en el humor le han dado tiempo de respirar y enfocarse en un villano que, en un mundo de blancos y negros, se presenta de una forma novedosa: alguien que trata de la misma forma un homicidio como un trabajo de caridad. Un personaje tridimensional que hace eco de los males de nuestra sociedad actual que entregan dinero a causas benéficas para tapar sus fechorías y que tienen la habilidad de controlar sobre todas las aristas de sus propias relaciones públicas.
Para el final dejo a Lilly Gladstone, que simplemente es la mejor actuación (algo difícil en una película con este nivel de actores), pero es que su habilidad para mostrar a una mujer real, capaz y aún así víctima de sus circunstancias sin caer en la caricatura es impresionante. Hay al menos dos escenas que no puedo sacarme de la cabeza: sus gritos desgarradores en el sótano de la casa y la pregunta final que le hace al personaje de DiCaprio en la conversación post juicio. Acuérdense de mí cuando la vean.

Es importante destacar a Gladstone, no solo por el olor a Oscar que tiene su interpretación, sino que por ser una mujer cargando el peso de la película en un contexto masculino, y no me refiero solo a la historia. Como habrán notado, los tres ejemplos de películas largas que di en el primer párrafo de este texto son de directores hombres, y es que (al menos bajo mi opinión personal) el género másculino ha sido al que históricamente no se le da la habilidad de condensar las ideas. Es solo cosa de ver esta reseña que ya está en su segunda plana de word. Si bien Martin Scorsese pudo contar esta historia en menos tiempo, la elección de no hacerlo tiene que ver con privilegios de masculinidad, aunque eso no quita que también sea un golpe ético a los tiempos algorítmicos que vivimos. Pero, volviendo al género, un golpe aún más fuerte es mostrar a esta mujer víctima de los hombres de su contexto, como uno de los personajes más inteligentes y resilientes de la historia. Algo que tanto el espectador como la dirección tienen claro.
Para terminar, hay que hablar del gran elefante en la habitación: Killers of the Flower Moon es una película que habla sobre la matanza Osage a manos de los blancos, pero es dirigida por un director blanco y tiene un protagonista blanco. En la actualidad, cada vez se le exige más a las obras que tengan representación hasta niveles insospechados, pero encuentro que la decisión de Scorsese de que su protagonista sea ese es acertada, ya que es la piedra angular para entender el mal que se nos presenta, no sólo como un villano, sino que como una elección que se toma desde el privilegio y la comodidad. Y la verdad, es que la pantalla muestra solo respeto por la tribu Osage, tanto en su historia como en la cantidad de consultores Osage usados en la cinta.
En alguna de las críticas que vi en Twitter alguien llama a Killers of the Flower Moon como la experiencia de presenciar el funeral de alguien que no conoces. Creo que es una hermosa frase para resumir esta película llena de drama, pena y rabia; pero ajenos. La historia es transversal y va más allá de los paralelismos que podemos hacer con nuestro país —estoy pensando en ti Los Colonos—, pero las preguntas que deja también son transversales. Primero te cuestiona qué es lo que realmente aman estos personajes, para luego dejarle una interrogante al espectador: ¿El amor tiene el poder de absolver nuestros pecados? Spoiler: No.



