Por: Aldo Vidal Neira
Querida Betty,
En algún momento u otro, todos hemos cuestionado las decisiones que tomamos en el pasado, preguntándonos qué habría sucedido si hubiéramos seguido un camino diferente o actuado de manera distinta. Todos hemos sentido el deseo de reparar aquello que hicimos mal, o hacerlo mejor con el conocimiento que tenemos hoy, pero no se puede reescribir la historia.
Varias series de televisión han caído en esta tentación durante los últimos años, en medio de la fiebre por el reboot, las secuelas, los revivals y los remakes que estamos viviendo. Pero no se transita dos veces la misma senda, Betty, y ante la posibilidad de “reiniciar el juego”, hay que tener mucho cuidado con renegar de lo que fuiste, de lo que hiciste, lo que creaste. Mirar el pasado desde los ojos del hoy siempre es una trampa. Nunca se parte de cero. Lo “hecho está hecho” –como diría Shakira– y para “volver” –como diría Gardel–, hay que ser muy osado.
Todo esto se lo digo porque ya hemos visto cadáveres televisivos volver desde sus tumbas catódicas para pelear por una nueva oportunidad en las plataformas de streaming con muy malos resultados. Usted, Betty, es una de las más celebradas, pero los rumores de otras resurrecciones como las de «The Office» (2005-2013) o «Seinfeld» (1989-1998) circulan con entusiasmo por las redes. Si bien estos regresos son esperados con los brazos abiertos y la ilusión de que traerán nuevas dosis de risas e ironía, lo cierto es que también es muy probable que nos provoquen episodios de cringe, desagrado o incluso rabia. Porque todo muerto es bueno, Betty, pero es distinto cuando se lo tiene de nuevo frente a frente.
¿Cómo funcionaría hoy el humor sin restricciones de un jefe que solía acosar a sus empleados o trataba a las mujeres como objetos? ¿Podría Jerry Seinfeld mantener su estilo irreverente burlándose de temas como la inmigración, las mujeres y los ancianos?
Betty, ya hemos sido testigos de varios intentos fallidos de revivir la magia que se marchitó. Por eso es importante revisar algunos casos para que evite cometer los mismos errores. No podemos permitirnos más decepciones y regresos que nos hagan añorar lo antiguo en lugar de disfrutar de lo nuevo.
Todo fue un sueño

Uno de los primeros consejos es no intentar borrar el pasado como si todos los espectadores tuviéramos amnesia. Eso es lo que hizo “Will And Grace” (1998-2006), una de las sitcom más exitosas de los ‘’00 y que llevó la dinámica de un abogado gay (Eric McCormack) y su neurótica mejor amiga (Debra Messing) a recibir premios y aplausos. Sin embargo, su cierre dejó con un gusto amargo a gran parte de sus fanáticos.
Durante su última temporada desarrolló la trama del embarazo de Grace y se planteó la idea de que ambos cuidarán al bebe como la familia disfuncional que ya eran. Esa premisa, antes de que llegará “Modern Family” a la pantalla chica, parecía controversial, lo que hizo que en el último episodio Grace decidiera volver con su ex y dejar a Will literalmente con la cuna y los pañales comprados. Luego un salto al futuro nos explicó que los inseparables amigos dejaron de serlo durante 18 años y solo se reencontraron cuando la hija de Grace y el hijo que Will adoptó en algún momento, comenzaron a estudiar en la misma universidad.
Muchos lo sintieron como un final excesivamente conservador y una traición para el espíritu de la serie, que tenía a la amistad como núcleo principal y que permitió a la comunidad LGBTQ+ estar cada semana durante ocho años en el primetime de la televisión y derribar varios prejuicios y barreras.
Por eso en 2017 cuando la serie tuvo su “reboot”, sus creadores, Max Mutchnick y David Kohan, decidieron abrir el primer episodio explicando que eso que vimos nunca ocurrió, que toda esa trama simplemente no sucedió, que fue un sueño de uno de los personajes, que ella nunca estuvo embarazada ni menos que prefirió a su ex esposo, en vez de a su mejor amigo.
Esta idea de reescribir el pasado y corregir “los errores”, querida Betty, llegó aún más lejos al final de la tercera y última temporada del nuevo ciclo de “Will and Grace” (2017-2020). Los guionistas sin mucho pudor repitieron la misma situación del embarazo, incluso cuando la actriz superaba los 50 años. El dilema era el mismo, pero esta vez con el bebé ya nacido. ¿Era hora que Will y Grace se separarán o se trataba de la oportunidad definitiva para convertirse en una familia para siempre? Ante una segunda oportunidad, no hubo dudas y la pareja de amigos se fue de Nueva York para criar juntos a su hijo en los suburbios.
Para muchos era una reivindicación, pero finalmente solo demostró la irrelevancia del regreso la propia serie. En vez de instalar nuevos debates, aventuras sorprendentes, de avanzar con personajes en otra etapa de sus vidas, retrocedió catorce años para corregir un final que en 2020 a nadie sorprendía o molestaba.
El propio Max Mutchnick le explicó a The Hollywood Reporter que esto era una especie de deuda pendiente: “La primera vez, nos sentimos un poco más en deuda con las tradiciones de las dinámicas y cuadros familiares. Y la verdad es que el mejor cuadro familiar es el que mejor funciona para ti, y eso es lo que les daremos a Will y Grace. Ahora estamos un poco más evolucionados y nos dimos cuenta”.
Replicar la misma historia que ya vimos con personajes más viejos y supuestamente más experimentados, era inverosímil, y además un recurso fácil que no logró conectar con el gran público, y esta vez salieron de pantalla sin pena ni gloria.
Así no más

Otro consejo importantísimo, Betty, es no negar su identidad. Ya los conocemos, hemos vivido muchas aventuras juntos, por eso no traten de engañar al público con cambios radicales porque nadie, aunque pasen muchos años, cambia tanto.
Es cierto que traer al presente éxitos del pasado es complejo e implica actualizarlos y al mismo tiempo mantener su espíritu original. Es una delicada combinación de nostalgia, fidelidad, sorpresas y una evolución coherente que muy pocos reestrenos consiguen.
Un ejemplo es la continuación de “Sex and the City” (1998-2004), la serie donde la columnista Carrie Brashow (Sarah Jessica Parker) contaba sus aventuras y desventuras amorosas junto a sus mejores amigas en la Gran Manzana. Tras seis temporadas y dos películas, sus creadores decidieron traerlas de vuelta 13 años después. Así en “And just like that” (en alusión a unas de las frases típicas de la protagonista) las chicas de Nueva York aparecen como mujeres cincuentonas que se enfrentan a la viudez, el divorcio, la menopausia y las complejidades de tener hijos adolescentes.
El guionista principal, Michael Patrick King, tenía un gran desafío si escuchaba las criticas que se hicieron a la serie en retrospectiva: que era excesivamente “blanca” en una de las ciudades más cosmopolita del mundo, que era superficial, que sus personajes no eran lo suficientemente “sororas”, y que, a pesar de tener al sexo como un elemento principal, era conservadora en su discurso.
Como respuesta, el nuevo universo de “Sex and the City” incluyó dos mujeres afroamericanas, una indú, dos personajes no binarios y convirtió a una de sus protagonistas en lesbiana. Además, incluyó problemáticas de “mujeres mayores” que más que humorísticas se sentían patéticas y anacrónicas. El resultado: una serie “woke”, algo torpe, políticamente correcta y en general aburrida. De hecho, lo más comentado de la primera temporada fue lo insoportable del personaje no binario Che Diaz (Sara Ramirez), que en su afan de representar a este colectivo, no podia entablar una conversación casual sin aludir a sus preferencias sexuales.
En la segunda temporada, el regreso de uno de los novios de Carrie y el cameo de Samantha (Kim Cattrall) —la mejor amiga en la serie, pero la archirrival de la protagonista en la vida real— se robaron todos los comentarios. En esta versión los personajes que obsesionaron a miles de mujeres perdieron la chispa y la subversión. Ahora el objetivo principal parecía ser que nadie se ofendiera, lo que resultó aún más ofensivo para sus fanáticos.
El error de transformar totalmente a los personajes principales, haciéndolos irreconocibles para sus seguidores, también ocurrió en “Gilmore Girls” (2000-2007). Allí, para integrar nuevos conflictos, modificaron la edulcorada dinámica de la impulsiva madre Lorelai (Lauren Graham) y su estructurada hija Rory (Alexis Bledel) para mostrarnos un nuevo lado de las protagonistas, alejado del tono un tanto “puritano” de la original.
Pero se excedieron, porque la joven protagonista después de graduarse de Yale con excelencia y trabajar para la campaña de Obama, como se mostró al despedir la serie, nueve años después está amargada, sin trabajo y contra todo pronóstico, fracasada en su vida profesional. La serie original estableció consistentemente la solidez académica e intelectual de Rory, por eso —aunque dramático— era muy difícil de tragar que tras una década no lograra progresar ni un centímetro en su carrera.
“Gilmore Girls: a year in the Life” (2016) duró cuatro capítulos y mostró que los personajes que habían terminado felices y con un futuro prometedor ahora estaban frustrados, deprimidos y fracasados. Lo peor es que cerró este nuevo arco con un gancho y, como no hubo segunda temporada, dejó a las protagonistas con un futuro incierto y aún menos coherente. Con esto, muchos de sus fanáticos prefirieron olvidar que este reboot existió.
Es lo mismo, pero no es igual

Otro aspecto que es bueno considerar, Betty, es cómo incorporar nuevas historias y personajes. Un camino menos pedregoso –que han tomado otros productos audiovisuales– es tratar estas resurrecciones como si fueran un spin off clásico. Es decir, una serie derivada con nuevos personajes, nuevas aventuras, pero que viven en el mismo universo y cada cierto tiempo se cruzan con la serie original. Esto no asegura el éxito, pero al menos se distancia lo suficiente para que el peso de la nostalgia no golpee tan fuerte.
Un ejemplo reciente es la secuela de “That ’70s show” (1998-2006) titulada “That ’90s show” (2023), disponible en Netflix. La serie cuenta con un elenco nuevo y se centra en las aventuras de Leia Forman (Callie Haverda), hija de Eric Forman (Topher Grace) y Donna Pinciotti (Laura Prepon), ambos parte del elenco original y que ahora tienen un rol más secundario como padres de la protagonista.
Esta fórmula les quita presión a los personajes originales y le permite brillar en dosis pequeñas, pero más intensas. Por ejemplo, la aparición de Ashton Kutcher y Mila Kunis (recientemente funados por apoyar a otro de los actores de la serie original que resultó ser un violador) resulta satisfactoria como guiño al pasado que ya conocemos.
Por ahora se ha rodado solo una temporada y con el escándalo de los actores originales se ve difícil un nuevo retorno.
Una estrategia similar tomó el homónimo revival de “Salvado por la campana” (1989-1992) (2020-2022) donde vemos las andanzas del hijo de Zack Morris (Mark-Paul Gosselaar) y Kelly (Tifanni Thiessen) junto a sus nuevos amigos. Además, se incluyó a Slater (Mario López) y Jessie Spano (Elizabeth Berkley), también de la banda original, ahora interpretando a profesores de la secundaria de Bayside High.
Incorporar una nueva generación de estudiantes resultó una buena estrategia y los críticos lo valoraron. «Una agradable sorpresa” y «una versión más graciosa y culturalmente relevante que hará que hasta los más devotos de la serie original la tengan en cuenta”, fueron algunos de los comentarios. Sin embargo, este impulso no sirvió de mucho y la serie fue cancelada tras solo dos temporadas. Es muy difícil igualar al fantasma de un clásico incluso con sangre nueva.
¿Dos décadas no es nada?

Betty, la última alternativa que le presento es la que tomó a nivel local “Casado con hijos” (2006-2008), que regresó este año con el mismo elenco que logró éxito de críticas y ratings hace 15 años. En este reencuentro los personajes, aunque más viejos, siguen exactamente iguales a la última vez que los vimos. Cómo sucede en el “Chavo del ocho” (1973-1980) o “Los Simpson” (1989 – ) el tiempo es solo una referencia, nadie evoluciona realmente y lo que sucede en un capítulo no influye en el siguiente ni deja huella en sus vidas. Es un eterno presente.
En esta versión 2023, Titi (Dayana Amigo) y Nacho (Fernando Godoy) siguen viviendo en la casa de Kena (Javiera Contador) y Tito Larrain (Fernando Larraín). Los vecinos Marcia (Carmen Gloria Bresky) y Pablo (Marcial Tagle) continúan tan metiches como siempre, y Nacho, ahora trabaja en la zapatería del padre, manteniendo los mismos escenarios y dinámicas, que ya conocíamos.
La evolución es mínima, el humor el mismo, y la química entre los actores sigue intacta. Salvo Titi, que se volvió influencer, y Pablo, que se hizo una operación de baipás gástrico, la mayoría de las historias podrían haber sucedido a mediados de los ‘00 y no nos daríamos ni cuenta. Cuando se estrenó en horario Prime fue un éxito de ratings y trendic topic en redes sociales. Con esta fórmula imbatible, se dice que la serie podría regresar en 2024 como si el tiempo no pasara.
Volver o no volver

Si algo nos enseñó la reunión más esperada de la televisión durante la última década fue que a veces la nostalgia se satisface con el simple hecho de sentarse a recordar. Los actores de “Friends” que se negaron por años a hacer un reboot, finalmente aceptaron un último encuentro en 2021 con “The One Where They Get Back Together”, un episodio que se convirtió en un evento televisivo mundial, y que hoy se ha vuelto mucho más significativo por la reciente muerte de Mathew Perry, el inmortal Chandler. En ese último encuentro no fue necesaria la cafetería ni los departamentos, sino simplemente verlos conversar, emocionarse y revivir juntos los mejores momentos de la serie.
En su caso Betty, su historia fue emitida en 180 países, cuenta con más de 30 adaptaciones alrededor del mundo y fue doblada a 25 idiomas, lo que la hizo merecedora de un premio Guinness en 2010. Es un traje muy grande que llenar.
Por ahora sabemos que su nueva vida se estrenará en Prime Video en 2024 y contará con los mismos protagonistas de la telenovela de 1999: Ana María Orozco y Jorge Enrique Abello, que han pasado más de dos décadas desde su matrimonio y que una de las nuevas protagonistas será Mila, su conflictiva hija adolescente. Al mismo tiempo Ecomoda está nuevamente en crisis financiera y usted deberá tratar todos estos problemas junto a sus amigas del cuartel de las feas.
La gran duda es si esto será suficiente. Su mejor época, la trama que nos atrapó y nos enamoró a todos, fue la que nos mostró las desventuras y posterior transformación de una mujer increíblemente talentosa y desgraciadamente fea. Un personaje que podía ser cómico y dramático al mismo tiempo. Una heroína que pasa de la timidez a la venganza y finalmente a la autoaceptación. Y este nuevo universo, esbozado en la sinopsis, difícilmente podrá igualar al anterior.
En la cresta de la ola, cuando su encanto se expandía por toda Latinoamérica, apareció “Eco moda” (2002) una serie que solo duró 35 capítulos y donde se abordó algo muy similar a lo que se anuncia 20 años después: los líos con un bebe recién nacido, los problemas para compatibilizar trabajo y maternidad y los celos al tener un marido con fama de infiel. Esa secuela, cuyo afán era solo capitalizar el éxito de la historia original, demostró que a veces es mejor retirarse en la gloria y no intentar atrapar un rayo en una botella dos veces seguidas.
Aunque para ser franco, y con esto me despido, el verdadero problema somos los fans, Betty. Obsesionados e inagotables en pedir más, sin aceptar que las cosas terminan. Que los ciclos se cierran, y que esa ilusión de querer repetir el pasado es una fantasía que casi nunca funciona. Si no existieran las campañas virales y la adicción a la nostalgia, seguramente usted seguiría en el olimpo y no preparándose para rendir examen ante la masas nuevamente.
De todas formas, mucha suerte, Betty, nos vemos en 2024.



