Cuando se supo que dos películas tan distintas como Barbie y Oppenheimer llegarían a las salas de cine el mismo día, las bromas y los memes no se hicieron esperar, y parecía que internet convertiría al 21 de julio (o el 20 de julio para Latinoamérica) en una broma online que mezclaba las dos cintas solo por el placer del trolleo en línea.
Pero esta no es la primera vez que pasaba esto, ya que el 20 de marzo del 2021 se lanzaron dos videojuegos muy distintos que muchos ahora claman que es el primer Barbenheimer: Doom Eternal (uno de los videojuegos más violentos de los últimos años) y Animal Crossing: New Horizons (uno de los videojuegos más relajantes de los últimos años), donde hasta los creadores de Doom terminaron abrazando la broma, sin contar los muchos fan arts que se publicaron: como este, este o este.
Pero hay una diferencia entre ambas situaciones. Mientras el lanzamiento de Doom Eternal y Animal Crossing: New Horizons quedó como una fecha graciosa en la historia reciente de internet y del mundo de nicho de los videojuegos, Barbenheimer llega después de una pandemia y en un mundo donde el cine está batallando por mantenerse en pie. Con los espectadores mal acostumbrados por los propios estudios a ver las cintas en streaming y con una industria que cada vez confía más en secuelas, precuelas y cameos para llamar la atención, que dos películas tan marcadamente de autor llamaran tanto la atención no deja de ser algo muy interesante.
Mientras la directora de Barbie, Greta Gerwig, venía de ser nominada por Mejor Guión Adaptado en los Oscar por su última cinta, Mujercitas (Little Women, 2019). Por otro lado, Christopher Nolan, director de Oppenheimer, venía de hacer Tenet (2020) una película que se estrenó en plena pandemia y que fue presentada como la esperanza de que la gente volviera a las salas de cine.
Mujercitas, de Greta Gerwig, fue un éxito y Barbie fue su carta para terminar de consolidarse más que una directora querida en el indie, y pasar a ser una directora de talla mundial capaz de crear cintas de autor que consigan ser rentables para sus estudios y aclamadas por la crítica (algo cada vez más difícil de lograr para mega corporaciones como Disney). En la otra vereda, Christopher Nolan tenía que reclamar su trono como uno de los directores favoritos de los cinéfilos, algo que consiguió a medias con Dunkerque (Dunkirk, 2017) y que no consiguió ni de cerca con Tenet, que no pudo llevar a las audiencias de vuelta a los cines.
Normalmente, este tipo de situaciones llevarían a comparaciones entre ambas películas o a una separación del estilo “team Barbie” vs “team Oppenheimer”, pero para nuestra suerte Barbeheimer nos ha traído la unificación de ambas, como dijo Cillian Murphy, protagonista de la cinta de Nolan: “Creo que es genial para la industria y las audiencias que tengamos dos grandes películas estrenando el mismo día (…) puedes pasar todo el día en el cine. ¿Qué es mejor que eso?”
En Matadero nos tomamos la invitación del señor Murphy muy en serio y decidimos pasar todo un día en el proyecto Barbenheimer gracias a las funciones continuas de Insomnia, el cine independiente de Valparaíso. Para nuestra suerte, en esta revista no trabajamos con ratings, así que no hay una necesidad de compararlas ni hacerlas competir. Lo que sí sabemos es que la sinergia creada por esta situación ha llevado a uno de los fines de semana de estreno más exitosos de los últimos tiempos para el cine.
Entonces ¿Cómo son estas películas? Con sorpresa, y por más diferentes que parezcan, hacer una función doble de Barbenheimer no es una mala idea, ya que mientras Barbie es una sátira extremadamente directa contra el patriarcado, cosa inesperada para una película blockbuster producida por Warner Bros y Mattel; Oppenheimer cuenta la historia de un personaje atormentado por sus acciones (muy a la Nolan) pero que al final termina siendo un film que apunta al colonialismo descarnado de Estados Unidos y cómo los egos de los hombres en guerra llevaron a abrir la puerta a una eventual destrucción nuclear de la humanidad. Muy en el fondo, ambas obras atacan un mismo problema: el ego del hombre y cómo éste termina creando (o destruyendo) mundos.
Para leer la reseña de Barbie haz clic aquí.
Mientras que para leer la de Oppenheimer haz clic aquí.



